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Alimentos prohibidos durante el embarazo

Se ha demostrado que los hábitos alimenticios que nos inculcan durante la infancia determinan lo que seremos y cómo comeremos cuando crezcamos en un porcentaje […]

Se ha demostrado que los hábitos alimenticios que nos inculcan durante la infancia determinan lo que seremos y cómo comeremos cuando crezcamos en un porcentaje muy elevado. Si nuestra dieta es pobre en algún nutriente o por el contrario tiene excesos de alguno, se verá reflejado más adelante, cuando probablemente sea más difícil de solucionar. Por poner ejemplos, podemos hablar de carencias de calcio, niveles elevados de colesterol, glucosa en sangre y las consecuencias que esto conlleva: obesidad, desnutrición o trastornos alimenticios de toda clase.

Como para aquellos que leemos esto, la infancia nos queda ya algo lejana, tenemos que prestar atención a la alimentación que ofrecemos a nuestros hijos e hijas si queremos que crezcan de manera sana y saludable el día de mañana. Dentro de la función de educadores, de forma implícita también está la función de nutricionistas. La importancia de ofrecer recursos suficientes a nuestros hijos para que se conviertan en personas autónomas e independientes también pasa por ofrecerles las herramientas necesarias para aprender a disfrutar y ser críticos con aquello que comen.

Este cuidado en los hábitos alimenticios de los niños, podemos decir que empieza incluso antes de que ellos nazcan: comienza cuando están en el vientre materno. Lo habitual es salir de la consulta del médico con el listado de aquellas cosas que podemos y no comer, pero vamos a revisar algunos de los clásicos:

  • Jamón serrano

Quizá el jamón es alimento más conocido y aquel que más se restringe en las dietas de las mujeres embarazadas, pero no tenemos que olvidarnos de las carnes crudas o poco cocinadas o del embutido como el salchichón, el chorizo, el lomo embuchado… Todos estos productos pueden ser portadores de la toxoplasmosis, una enfermedad producida por un parásito que afecta al feto.
Una vez pasada esta enfermedad te inmunizas de ella, así que un sencillo análisis te dirá si estas libre para comer lo que quieras o no.

Una posible solución es congelar el producto antes de consumirlo, aunque nos tenemos que asegurar de hacerlo a la temperatura correcta y durante el tiempo indicado: durante unas 24h y a -20 grados. Como la nevera estándar no pasa de los -18 grados, nos podemos curar en salud con tres días mínimo de congelación.

  • Hígado, paté o foei

El hígado es el órgano encargado de gestionar todos los residuos del cuerpo, por tanto si el animal ha estado tratado durante su cría, es muy posible que gran cantidad de todo el tratamiento quede en el hígado, por tanto se debe evitar comer durante el embarazo ante la duda. Por otro lado, es un órgano que contiene una gran cantidad de vitamina A cuya ingesta en exceso se ha demostrado que interviene en el desarrollo normal del embrión, cosa que no queremos.

  • Sushi, carpacho, arenques, ceviche y derivados del pescado crudo

El pescado, en especial el azul, solemos relacionarlo con un parásito llamado anisakis. Sus larvas pasan activas al sistema digestivo causando graves complicaciones intestinales y algún tipo de alergia.
Si bien hay toda una normativa que regula el manipulado del pescado crudo, es mejor prevenir que lamentar, y más si estamos embarazadas. El marisco también se incluiría en este grupo de alimentos prohibidos, pues al no conocer el viaje que han hecho hasta llegar a la mesa, es mejor evitarlos durante el embarazo.

Otra de las características del pescado azul y, sobre todo del pescado en el mar mediterráneo, es su alta concentración en mercurio o metilmercurio para ser precisos. Sus elevadas cantidades pueden ser perjudiciales para el feto.

  • Queso

Si bien tenemos toxoplasmosis en el jamón y anisakis en el pescado, en los quesos nos podríamos encontrar con la listeria. Se trata de una bacteria que no acostumbra a dar problemas a no ser que estemos embarazadas. Puede provocar aborto en su consecuencia mayor e incluso se puede transmitir al bebé en el momento del parto.

No son todos los quesos lo que no se recomiendan, sino aquellos que utilizan leche sin pasteurizar para su elaboración o están fermentados con hongos: queso feta, camembert, brie, queso azul, roquefort…
También podríamos encontrar listeria en el embutido que cortan en las charcuterías y en las salchichas de Frankfurt.  Muchas veces, el propio sentido común es suficiente para ver qué podemos o no comer.

Existen otros alimentos como las ensaladas, verduras o frutas frescas a los que tenemos que prestar atención. Al tratarse de un producto cultivado y en contacto con la tierra y el abono, la limpieza de estos tiene que ser extrema para evitar contagiarnos con algún posible parásito que puedan tener. Hay productos específicos que podemos encontrar en cualquier farmacia y de esta manera asegurarnos de matar todo lo que no interesa.

Comamos lo que comamos, tranquilas, nuestras abuelas no sabían de la existencia de estas cosas y aquí estamos. Pero claro está, que ahora que las sabemos, ¿quién se quiere arriesgar?

Sira Bellot
Babyplanner Barcelona

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