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La siesta del peque

La siesta del peque, ¡divino tesoro!

Cuando los niños son aún pequeños, sin ningún tipo de duda, las horas de sueño de toda la familia se reducen en cantidades importantes. Algo […]

Cuando los niños son aún pequeños, sin ningún tipo de duda, las horas de sueño de toda la familia se reducen en cantidades importantes. Algo que ocurre especialmente cuando aún son bebés: el peque necesita comer y no sabe hacerlo solito. Por eso la mamá y el papá se encargarán aproximadamente cada dos horas, o a demanda muchas veces, de dar la ración que toque ya sea de día o de noche.

Si el peque come de noche y nosotros somos los encargados de darle el alimento, evidentemente no podemos estar dormidos para alimentarlo, y si no dormimos, la carencia de sueño empieza a dejar las características caras a las madrazas y padrazos que nos rodean.

Una forma de intentar compensar las horas de sueño es la siesta (tanto para ellos como para nosotros). Si bien no está demostrado que las horas de sueño se recuperan, el descanso de la tarde de los peques, también nos sirve a los mayores para coger fuerzas.

La mayoría de expertos coinciden en que el sueño es casi igual de importante que el alimento del peque. Durante el sueño recuperamos fuerzas y nos relajamos, por esto mismo las siestas son un elemento importantísimo en su desarrollo. Los mismos expertos aconsejan entre dos y tres siestas al día hasta los cinco meses y con una duración de tres horas de media. Aunque suene algo desproporcionado, podemos estar tranquilos, ya que ellos mimos serán los que nos indiquen que no necesitan dormir tanto.

¿Qué necesitamos para una siesta correcta?

  • Al igual que con el sueño nocturno, es muy importante establecer una rutina de siestas. No es necesario que se realice siempre a la misma hora, pero sí es recomendable que se haga alrededor de ese lapso de tiempo. Esto proporciona al peque una seguridad que le permite conciliar el sueño de manera más sencilla. Esta rutina también ofrece al niño una forma de diferenciar el sueño largo de la noche del rato de siesta.
  • Prestemos especial atención si usamos algún elemento para ayudar al peque a realizar las siestas. Muñecos, luces, espacios concretos… Sabiendo que las rutinas son necesarias, los objetos que propician estas rutinas pueden provocar el efecto contrario; por un lado nos ayudaran a dormir al peque, pero a su vez lo acostumbramos a no hacerlo en el momento que no contamos con estos elementos. Por tanto es mejor no olvidar el muñeco de dormir cuando vamos de ver a la abuela…
  • La oscuridad absoluta y el silencio no son estrictamente necesarios durante la siesta. Siempre  hay algún peque que tiene dificultades para conciliar el sueño, pero es importante entender que la siesta no es igual que cuando dormimos de noche y desconectamos de todo para descansar, en este caso se trata de un ratito para coger fuerzas y luego seguir. Si esto no queda claro, nos encontraremos que luego el niño puede tener dificultades para conciliar el sueño en lugares diferentes a los habituales, o que por el mínimo ruido se sobresalta y se desvela. Por tanto que haya un ruido moderado y controlado provocado por las rutinas diarias, no debería ser un inconveniente para que el peque haga su siesta.

Poco a poco aprenderemos aquello que más se encaja a las necesidades de nuestro hijo y de la misma manera nosotros aprenderemos a disfrutar de esas horas de tranquilad que  nos ofrece y nuestro cuerpo necesita.

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