Cuéntame el amor

El blog de José María GarridoMi Bio

Trébol de cuatro hojas

A veces uno tiene la sensación de haber pasado media vida amando y la otra media creyendo que amaba, porque el amor suele ser como […]

A veces uno tiene la sensación de haber pasado media vida amando y la otra media creyendo que amaba, porque el amor suele ser como un ensayo hasta que, finalmente, aparece a nuestro lado la persona indicada. Entonces, sentimos algo tan grande que el resto del mundo se desvanece en su insignificancia. Algo que no habíamos sentido jamás, no creíamos que existiera, salvo en las películas, solo que ahora la protagonista eres TÚ.

Es curioso que a lo largo de nuestra vida amamos a distintas personas, pero cuando conocemos a ese ser especial, que generalmente aparece de forma imprevista en nuestra vida, fluimos y nos hace fluir de una manera totalmente diferente a como lo hicieron los demás. Hasta entonces nada ni nadie nos había hecho sentir de esta forma, y ahora todo sucede de manera más fácil, simplemente con una mirada, con una caricia, con un beso. Es la magia de lo simple. Has encontrado tu trébol de cuatro hojas.

trébol de cuatro hojas josé maria garrido enfemenino

Es muy probable que llegue ese momento, nunca hubieras sentido nada parecido, aunque tú pensaras que sí, que a tu edad ya habías sentido todo lo que tenías que sentir y vivido todo lo que tenías que vivir. Pero, de repente, en solo diez segundos junto a él, descubres un mundo nuevo de sensaciones, de experiencias, de vivencias, de transformaciones interiores, de hallazgos extraordinarios, incluso en tu propio comportamiento. ¿Eres tú? ¿Es tu cuerpo quién responde?.

A veces te preguntas si eres la misma persona, quieres saber a qué se debe esa forma de entregarte a la otra persona tan diferente a como lo habías hecho antes con otros hombres. Tu sexualidad ha cambiado por completo, tu sensibilidad, tus ganas de probar, de romper las reglas.

Llegas a comprender de un plumazo, en toda su dimensión, una por una, el por qué del fracaso de todas tus relaciones anteriores, como si encajaran las piezas de un puzzle que no podías terminar nunca. Y ahora por fin puedes, lo comprendes, lo ves nítido.

La vida se simplifica para ti, todo es fácil, todo es especial, todo funciona, cualquier momento sirve, es único. Comer pipas en un banco en mitad del parque es un momento maravilloso e inolvidable, ver una peli juntos significa volver a soñar entre caricias templadas en un incendio que ya no podrás extinguir nunca, descubrir que los semáforos no se inventaron para ordenar el tráfico sino para besarle una vez más antes de llegar a casa y, otra cosa importante, oírle roncar ahora es una sinfonía de sonidos que hasta te parece preciosa, porque eso significa que él está ahí esta noche, durmiendo a tu lado.

Momentos cotidianos que dos personas convierten en pura magia cuando todo encaja más allá de las fronteras del amor, cuando la piel desespera por esperarse, cuando vencemos las vergüenzas que otros nos marcaron al fuego lento del complejo, cuando no hay vencedores ni vencidos en las conversaciones, cuando nuestros miedos se asustan de nosotros mismos porque somos valientes y no ponemos límites al verbo amar, cuando somos el yo más puro y el tú más salvaje, y nos damos cuenta que nunca que nos habíamos entregado a nadie porque nadie había sabido hacernos creer.

Yo no sé si esa persona es perfecta pero sé que yo no lo soy, y me gusta así, con sus defectos y los míos, con esas cosas que hacen de él un ser diferente, su manera de escucharme, su mirada, su tacto, su voz, su sabor, su olor, su forma de caminar a mi lado. Todo te hace sentir más guapa con él, incluso en vaqueros y sin pintarte. ¿Se puede pedir más?.

Trébol de cuatro hojas, surgió de esta reflexión que me contó mi amiga Isabel con una cena con tertulia y copas en el Parador de Lerma  – Burgos -, un día de mediados de marzo, cuando vino a visitarme de improviso. Allí suelo retirarme a escribir, en busca de la paz que a menudo me roba la ciudad a punta de estrés, cuando ya no puedo reconciliarme con mis fantasmas ni me permiten confesar al mundo mis derrotas, y los cambios por mis musas que me esperan allí para dejarme contarte mi vida en forma de poemas.

¿Has vivido algo similar? ¿Has sentido esto alguna vez? Cuéntame, cuéntame el amor

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