Cuéntame el amor

El blog de José María GarridoMi Bio

Cuando la otra soy yo

         Me llamo Marta, soy una mujer corriente, con una vida corriente, también tengo una familia corriente sin cuenta corriente, y – […]

         Me llamo Marta, soy una mujer corriente, con una vida corriente, también tengo una familia corriente sin cuenta corriente, y – por este orden- dos hijos, un perro, el coche en el taller por tiempo indefinido, un ex marido hijo de puta, que lleva 3 años sin pasarme la pensión, y muchaspocas amigas fingiendo ser felices, callando la sequía de 8 meses sin echar un polvo en casa.

              En fin, sigo: la nevera al día, la mesa del salón llena de pagos pendientes, el pasillo poblado de las sombras de aquellos que entraron y se fueron con más pene que gloria, y cuarenta años con el corazón metido en una caja de mudanzas.

           Y sí, también tengo un amante, un ex amante. Carismático el muy cabrón, su atractivo principal, hacerme sentir bendita entre todas las mujeres. Sus palabras favoritas: Jamás había conocido una mujer tan especial como tú

            Te juro que nunca me conformé con un hombre compartido, tantas promesas rotas como excusas perfectas, jamás me di cuenta de que en realidad lo era. Por propia experiencia, cuando estás enamorada hasta los tuétanos, no crees ni por asomo que la otra eres tú. Es curioso, te sientes la única, estás convencida de que la otra es ella, la que vive en su casa con él, que es como una compañera de piso o algo así.cuando la otra soy enfemenino

               A pesar de todo, si quieres que te diga la verdad, para serte del todo sincera, desde que no él está yo tampoco quiero estar. Hace semanas que no me arreglo, paso desapercibida por las calles, nadie me mira cuando cruzo, tengo la sensación que después de él nadie recordará mi nombre.

              A veces, me parece ver su reflejo en los escaparates. Pensarás que estoy loca por hablarle, pero me agrada la idea de charlar con él sobre las ciudades que dejamos pendientes en los mapas.

            Como el nuestro, he aprendido más de un amor breve que de un largo y sincero amor. Y hoy sé que son las ausencias de lo efímero, las cosas más cotidianas de la vida, pasearte, respirarte, o simplemente estarte, todo lo pequeño, lo que pudo ser grande y no fue, las cosas que me queman la piel y hasta la soledad.

          Por injusto que parezca el amor de los amantes, es curioso cómo permite la vida la habitual excepción de agrupar a un ser sincero con otro ser que miente siempre, unirlos en una misma vida, en un coche, en una habitación, en un hotel lleno de pájaros, al margen del mundo, darles el tiempo necesario para amarse y el justo para terminar destruyéndose.

             Llevo ya diez noches comiéndome el techo hasta las vigas del vecino, no puedo pegar ojo, me imagino, lo que él estará viviendo ahora –sin mí-; y me mata la buena mierda que un día sentimos, y que nunca volveré a sentir con nadie más. Cuando sabes que la otra eres tú, ya solo me lo puedo imaginar en el salón de su casa, con su mujer y sus hijos, puedo sentir a mil kilómetros de distancia un escalofrío, cuando la besa como me besaba a mí, y una taquicardia cuando la toca igual que a mí me tocaba.

             Esta idea me tortura, me sube por la garganta desde lo hondo del pecho, se hace un nudo antes de llegar a los ojos y se queda dentro sin poder salir dando vueltas.

Y, joder, aunque ahora sepa lo cabrón que es, sin él me siento sola, como la última luz de la tarde que cae sobre la tierra húmeda, porque no tiene otro sitio donde caer.

              No sé qué va a ser de mí. Pero como escribió Chaplin, sobrevivir…, sobreviviré.
Poco a poco voy comprendiendo que esta historia nuestra se nos durmió en las manos esperando, o, tal vez fue, que al dormirse nos equivocamos de sueño y que los sueños, con el tiempo, van perdiendo en claridad lo mismo que van ganando en evidencias. Será cierto eso que dicen que, al final, aquello que en su momento no llega ya no vendrá jamás. Parece una obviedad, nosotros tampoco fuimos la excepción que confirmó esa jodida regla, que duele mucho más cuando eres plenamente consciente de que la otra eres tú.

              El calendario, cuando la otra eres tú, tiene la obligación de desmentir cada día, los hechos que suceden con su irremediable realidad. La realidad de quedarte sola y haber tirado tus años por la borda de la vida, esperar a que llegue una ola y se los trague y prometerte mientras te ahogas que no volverás a ser la otra nunca jamás.

josé maría garrido

Cuando la otra soy yo” está incluido en mi libro “Acompáñame a estar solo” (Editorial Cazador de Ratas).

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