Derechos de la mujer

Por Mireia RuizMi Bio

Empoderamiento de las mujeres: este es nuestro momento

El pasado martes 8 de marzo fue el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Probablemente hayáis leído muchos artículos y escuchado varias noticias acerca de la […]

El pasado martes 8 de marzo fue el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Probablemente hayáis leído muchos artículos y escuchado varias noticias acerca de la celebración de esta fecha. Yo, ese martes, como de costumbre, estuve en el Juzgado, pero en esta ocasión lo estaba porque me habían señalado unas declaraciones por un tema penal. Recuerdo subirme al ascensor y escuchar a alguien decir: “Hoy es el día, ¡pero de la Santa Mujer Trabajadora!” De repente me giré y vi a una mujer que explicaba en voz alta que ella era mujer, madre, ama de casa, esposa y trabajadora. Y que hasta que no se conciliara la vida laboral con la vida familiar no podíamos dejar de reivindicar que hombres y mujeres “somos iguales”.

Ambas coincidimos en el pasillo y me dijo: “Es tal la capacidad de la mujer que debería obtener reconocimiento y por eso hay que honrar a las mujeres, que además de trabajar para el cuidado de la casa y la familia, trabajan fuera”. Yo miro atrás y comparo la generación de mi madre con la nuestra y, afortunadamente, hemos evolucionado. Pero aún debemos seguir luchando. Es ahora y no antes, cuando la mujer busca su espacio, sus momentos para encontrar su yo, su tiempo para compartir con las amigas y así sincerarse y comprenderse.

Me detengo en las conversaciones de mujeres de avanzada edad y escucho que dicen que ellas han sacrificado su juventud por cuidar a sus hermanos y su madurez por cuidar a sus padres. Es más, una cliente hace unos días me decía: “Mireia, no sé si sabré escribir esa frase que me dices, pues a los 12 años dejé de ir al colegio para cuidar a mis hermanos”. Yo le contesté: “No se preocupe Carmen, escriba como mejor pueda, no pasa nada”.

Carmen aún no ha cumplido los 65 y hasta hace bien poquito había estado viajando a Extremadura para cuidar a su madre, que era ya muy mayor. Ella, como muchísimas mujeres de esa generación, había cuidado de sus hermanos para, más tarde, incorporarse al mercado de trabajo debiendo abandonar los estudios. Años después se casó y se dedicó a la casa, a los hijos y al marido. Este ha sido el caso de Carmen. Y por eso ella tuvo claro que ayudaría a su hija para que tuviese la oportunidad de estudiar, para que se independizara y creciera, tanto como mujer como profesional.

Por eso te digo que tu camino, aunque pueda resultar largo, lo debes seguir dibujando, ya que así, con pasos firmes, alcanzarás los objetivo que tengas en la vida.

Un abrazo,

Mireia Ruiz Ramirez
Fundación Mujeres Felices

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