Derechos de la mujer

Por Mireia RuizMi Bio

¿Cuándo otorgar una custodia compartida? La historia de Anna y Antonio

Justo acabo de escuchar una nota de voz que me ha dejado sin palabras. Hoy recibía un Whastapp de Anna, una de mis clientes, preguntándome […]

Justo acabo de escuchar una nota de voz que me ha dejado sin palabras. Hoy recibía un Whastapp de Anna, una de mis clientes, preguntándome si trabajaba en Semana Santa trabajaba porque su exmarido le había llamado y ella había grabado la conversación para que yo la escuchara…

Por supuesto, escuché esa nota de voz en la que noté a Antonio, su marido, nervioso. Escribí a Anna por Whastapp, y le dije: “Le titubea la voz y ¡te acusa de mentirosa y quererle quitar a los niños! No llores Anna, ahora no es el momento, sé fuerte”.

Antonio, antes del juicio del día 31 de este mes, tiene que dar una respuesta a la propuesta que tiene su abogado sobre la mesa y lo tiene fácil siempre y cuando acepte y asimile que por su trabajo, él no puede tener la custodia compartida de los pequeños David y Lorena -y digo por su trabajo, no porque sea mal padre-. Hasta que no entienda que él no puede encargarse de los peques, todo lo que le propongamos, le digamos o le peticionemos será inútil. “Siempre te hará responsable y la decisión de no aceptar nuestra propuesta no depende de ti. Anna, no te castigues”.

Anna hace dos meses que tiene atribuida la custodia de sus dos hijos de apenas tres años (mellizos) así como el uso y disfrute de la vivienda que era domicilio conyugal y que es propiedad única y exclusivamente de Antonio. Éste se vio obligado, tras la vista de medidas provisionales previas al divorcio, a abandonar su casa y a pasar a Anna una pensión de 550 euros al mes por sus dos hijos. Anna defendió siempre que Antonio era buen padre, buena persona pero nunca antes había cuidado de los peques porque, pura y simplemente, su trabajo se lo había impedido. Es autónomo y viaja mucho fuera de Barcelona, su lugar de residencia.

Su trabajo está relacionado con el mundo de la telefonía móvil y debe cubrir servicios de guardia de 24 horas. Anna me explicaba que lo llamaban a las tres de la mañana: “Antonio, hay una avería en el edificio de la Avda. Abat Marcet. Ve y mira que ha pasado…” -escuchaba que le decían por teléfono-. Cuando llegaba a casa alrededor de las ocho de la tarde Antonio venía derrotado, me explicaba Anna, y nunca jugaba con los peques sino que se encerraba en la habitación con el ordenador para preparar la jornada del día siguiente. “No sabe preparar a los peques ni un plato de macarrones”, me contaba.

La propuesta de Anna para Antonio fue: “Me voy yo de tu casa pero los peques quedarán bajo mis cuidados hasta que sean más mayores. Me buscaré un piso de alquiler cerca y solo me llevaré las cosas de sus habitaciones. El resto de la casa, toda tuya. Solo quiero que aceptes que la custodia, de momento, sea para mí y que contribuyas en los gastos de nuestros niños”.

La propuesta de Anna ha tenido como respuesta, la llamada de teléfono de Antonio que os comentaba al principio del post. Simplemente puedo deciros que cada uno debe luchar por lo que quiere en la vida. El 31 nos veremos en Sala y será la justicia la que resuelva el caso de Anna y Antonio. Mi consejo siempre es valorar y consensuar pactos cuando hay menores de por medio y en este caso en concreto,lo hemos intentado.

¡Un abrazo y feliz semana!

Mireia Ruiz Ramirez
Fundación Mujeres Felices

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