Derechos de la mujer

Por Mireia RuizMi Bio

Si cambio la cerradura de casa, ¿me podrán denunciar por coacciones?

Eran las 10.00 de la mañana de hoy y Marta ya se hallaba en pie, esperándome delante de la puerta de la cafetería justo al lado […]

Eran las 10.00 de la mañana de hoy y Marta ya se hallaba en pie, esperándome delante de la puerta de la cafetería justo al lado de los juzgados para acabar de revisar las últimas notas antes de entrar en sala. “¿Has descansado?” ─Le pregunté, y me contestó: “No todo lo que me hubiera gustado”.

Denuncia por coacciones

Marta había sido denunciada por su expareja por haber cambiado la cerradura de la vivienda, que era propiedad de ambos a mitades iguales, y por no haberle permitido retirar sus pertenecías y enseres personales. Ese era el contenido de la denuncia que había presentado la expareja de Marta ante el Juzgado de Guardia y, por ello, Marta fue citada para que compareciera como denunciada por un presunto delito leve de coacciones. Cuando el delito por el que se denuncia es leve no es preceptiva la asistencia de letrado, si bien a Marta le había llevado yo todos los temas desde que empezaron los conflictos con su expareja, algo que me daba ventaja, ya que conocía al dedillo su expediente y sus circunstancias. Por eso, ayer me pidió que defendiera sus intereses en este tema penal.

Repasamos la prueba, las preguntas y entramos en Sala una vez la Agente Judicial nos llamó por nuestros nombres:

– “Letrados”… ─nos decía Su Señoría, -“al final, esta cuestión que aquí se va a ventilar afecta a dos personas que, en su día, se unieron con lazos de amor y cariño, ¿hay alguna forma de que ustedes hablen y sus clientes se den una oportunidad de solucionar el tema?”

El abogado contrario miró a su cliente y le manifestó: “No”  ─rotundamente.

-“Bien, pues empecemos”.  ─dijo Su Señoría.

La versión de Javier

En su interrogatorio, Javier, manifestó que él vivía en esa casa, que pagaba la hipoteca, que lo había hecho durante más de 15 años con mucho esfuerzo y que nadie le prohibiría entrar cuando quisiera. Pero Javier mintió, pues no era cierto que residiera en la misma vivienda. En marzo de 2016 contratamos los servicios de un detective para, justamente, poder probar que Javier vivía junto a su nueva pareja en otra localidad. A partir de entonces fuimos preparando la estrategia. Ya sabíamos dónde vivía Javier y desde ese momento fuimos enviando burofax proponiéndole adjudicarnos su mitad y requiriéndole para que indicara que día iba a acercarse a recoger o retirar las pocas pertenencias viejas que le quedaban, pero nunca los respondió.

Además, Marta tenía guardadas conversaciones de Whastapp e emails en los que él reconocía que no iba a seguir pagando los gastos de una vivienda en la que no residía. Esta valiosa información, al parecer , no la tenía presente Javier, que tras mi interrogarorio , no pudo por menos que decir que no se acordaba de haberlo dicho al igual que, tampoco se acordaba haber facilitado a la policía su verdadero domicilio en otros casos anteriores en los que ambos se vieron implicados, domicilio que desde luego no era el de Marta.

¿Cuándo se comete el delito de coacciones?

El delito de coacciones no se comete cuando un copropietario cambia la cerradura de la vivienda para evitar que el otro copropietario, que no vive allí, pueda entrar, ya que con el cambio de cerradura estas ejerciendo un derecho fundamental como es el derecho a la intimidad y a la inviolabilidad del domicilio. La razón del cambio de cerradura obedeció a que, Javier, tras mostrar su oposición al importe del precio que le ofertaba Marta para adjudicarse su mitad, entraba de forma sorpresiva en la vivienda, a horas intempestivas y removía cajones, abría armarios, deshacía la cama y le dejaba señales claras que el había estado allí. El pensaba que pagar la mitad de la hipoteca le daba derecho a entrar a su antojo y vulnerar el derecho a la intimidad de Marta.

Tras la practica de la prueba, extensísima, el Ministerio Fiscal pidió su absolución, al igual que yo. La Sentencia la tendremos el día 2 de noviembre.

Justo hace unos minutos recibía un email de Marta donde me decía: “Mil y mil gracias, Mireia, por haberme defendido y por tu profesionalidad”. A lo que le he respondido: “Gracias a ti por haber depositado en mi persona toda tu confianza”.

En el próximo post os daré un pequeño resumen de la Sentencia de Marta.

¡Que tengáis una feliz semana! ¡Un abrazo!

 

Mireia Ruiz Ramírez

Fundación Mujeres Felices

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