Derechos de la mujer

Por Mireia RuizMi Bio

No fue su intención quebrantar la orden de alejamiento…

No hay nada peor que una decisión mal tomada. Este hecho es, lamentablemente, muy habitual y en la mayoría de los casos no lo analizamos. Siempre […]

No hay nada peor que una decisión mal tomada. Este hecho es, lamentablemente, muy habitual y en la mayoría de los casos no lo analizamos. Siempre se antepone el interés particular y propio al de terceros…. y las consecuencias, en ocasiones , pueden ser fatales.

Es así como le explicaba yo a David por qué se hallaba ante una petición de pena de privación de libertad de un año por haber quebrantado una orden de prohibición de aproximación respecto de su expareja, en un radio inferior a 1000 metros.

—No me creo que me pidan un año —me decía, —apenas conozco a mis hijas gemelas de tres años, y si me crucé con ella, mi exmujer, fue de casualidad. Tengo claro que desde que me condenaron por un delito de violencia no debo acercarme a ella, pero ese día, a esa hora… —exclamaba —¡Nunca pensé que me cruzaría con ella!

En el juicio, la víctima, madre de las hijas gemelas de David, pidió protección y solicitó un biombo a fin de no ver el rostro de David:

—Pero, ¿usted puede asegurar que su ex pareja ese día le vio?

—Creo que sí.

—Si la vio, ¿qué hizo él?, ¿fue hacia usted?, ¿le dirigió palabra? ¿Le gritó?

—¡No! Yo iba conduciendo con mi padre y mis niñas detrás…—contestaba ella.

—Entonces, ¿su exmarido no le dijo nada? —Preguntó el Ministerio Público.

—¡No! ¡no me dijo nada!

—Oiga, señora, —le preguntaba el fiscal—¿Donde se encontraron? ¿Sabe usted con seguridad que el lugar del encuentro está situado dentro del radio de prohibición de los 1000 metros?

—Mire usted —contestaba ella —le digo ahora que sí, pero porque me lo dijo la policia.

Al poco declaró el padre de la víctima, abuelo de las niñas, al que el Ministerio Fiscal le formulaba las siguientes preguntas: “¿Donde se vieron?”,  “¿que hizo David?” A lo que él contestó: “Nada, el iba caminando por la calzada, cerca de los coches”.

A mi turno le pregunte:

—¿Está usted seguro de que David les vio?

—No, no estoy seguro.

—¿Se paró David?

—No, siguió su marcha.

—¿Que dirección llevaba el acusado?

—Era como si se alejara de la zona en la que vive mi hija.

—¿Se dirigieron palabra o hubo algún gesto por parte de David?

—No, no hizo nada.

—No hay más preguntas al testigo, gracias Señoría.

Mi cliente, tras prestar declaración, negó haber visto a su expareja y reconoció que ese día, a esa hora, estaba en esa zona cercana al domicilio de su expareja, pero que desconocía que ese lugar en el que la policía lo identificó se hallara dentro del perímetro de prohibición.

No hubo dolo, no hubo intencionalidad, solo hubo un encuentro casual, fortuito y no buscado que, además, apenas duró segundos sin intercambio ni tan siquiera de miradas, palabras o gestos. El Ministerio Público insistió en la condena pero yo pedí su absolución.

Así, el lunes me notificaban la sentencia de David: absuelto del delito, ya que no quedó probado su intención de querer incumplir con la orden de prohibición. Tras ello, lo que sí ha aprendido David es que antes de arriesgarse en las decisiones, valorará las consecuencias de las mismas. ¿Os acordáis del caso de Marta? Ella fue denunciada por su expareja por haber cambiado la cerradura de casa… Pues bien, he de deciros que Marta celebró por todo lo alto la sentencia con su nueva pareja tras su absolución.

¡Qué acabéis de tener una muy feliz semana!

 

Mireia Ruiz Ramírez

Fundación Mujeres Felices

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