Derechos de la mujer

Por Mireia RuizMi Bio

Cuando ya es tarde para arrepentirse…

A las doce y diez minutos de la noche recibía una llamada telefónica. En esta ocasión era de los Mossos d’Esquadra de la comisaría cercana […]

A las doce y diez minutos de la noche recibía una llamada telefónica. En esta ocasión era de los Mossos d’Esquadra de la comisaría cercana a mi domicilio profesional:

—¿Letrado Mireia Ruiz? —me preguntaban. —¿Está usted hoy cubriendo la guardia de detenidos, verdad?

—Sí, efectivamente, soy yo y estoy de guardia de detenidos.

—Le llamamos para informarle que tenemos un detenido por la presunta comisión de dos delitos, ambos son robos, un robo con fuerza y otro con intimidación con uso de arma de fuego. Se le tomará declaración a partir de las ocho de la mañana, ya que aún se están acabando gestiones y éstas no habrán finalizado hasta pasadas las siete de la mañana. ¿A qué hora vendrá usted?

—Alrededor de las 11.00 —les contestaba. Y así dejó constancia el agente de la llamada y de su contenido.

De camino a comisaría me preguntaba: ¿dos robos y uno de ellos con arma de fuego? Si el tema estaba claro, poco margen de defensa tenía… ¿Qué habría impulsado a esa persona a robar un móvil con uso de arma de fuego? En muchas ocasiones no valoramos ni sopesamos nuestros actos y cuando llegan las consecuencias ya es demasiado tarde para el arrepentimiento.

Me entrevisté Antonio, el detenido, a solas y lo primero que le dije fue:

Hay imágenes grabadas y hay reconocimiento fotográfico por la víctima y un testigo.

¿Eso significa que voy a ir preso? —me preguntó.

Le contesté que como era reincidente por hechos similares que había cometido anteriormente, sí que iría a prisión. El juez de guardia acordó rueda de reconocimiento y de forma contundente la víctima y la testigo le reconocieron. Ella, Sandra, la víctima, lloraba desconsolada justo después de manifestarle al juez de guardia: “¡Ese!, el número 2, fue el que me presionó el arma contra el pecho diciéndome: ¡dame el móvil o te pego un tiro!

La testigo de apenas 19 años de edad, la mejor amiga de Sandra, también lo reconoció en el acto.

Tras las declaraciones se celebró la comparecencia previa de prisión y se acordó, como medida cautelar, la prisión provisional.

Mientras se llevaban a Antonio al centro penitenciario, él me pidió que localizara a Montse, a su chica, para que le dijera que lo sentía mucho, que fue el error más grave de su vida, que lo que hizo fue un sinsentido, una locura, y que la quería.

El juicio posiblemente no tenga lugar hasta dentro de unos meses y lo que ahora piensa Antonio es que tiene una razón para vivir y para cuando salga y se llama Montse

Aquí el peso de la justicia es implacable y por tales presuntos hechos se debe responder. A Antonio le pesa ahora el paso del tiempo, el horror de haberse equivocado y de no haber sopesado antes que nunca debió haber actuado así. Le esperan ahora años de condena, de privación de libertad.

 

Aquella noche no sólo recibí la llamada de los Mossos…

¿Letrado Mireia Ruiz?

Sí, soy yo.

La llamamos de la policía local. Tenemos un detenido por violencia doméstica: un hijo que ha agredido a su anciana madre de 92 años. No venga ahora, venga a partir de las siete, ya que el detenido está tremendamente ebrio y no puede articular palabra.

En mi próximo post ya os informaré qué me dijo Sebastián cuando pude entrevistarme con el…

¡Que tengáis feliz semana!

 

Mireia Ruiz Ramírez

Fundación Mujeres Felices

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