Derechos de la mujer

Por Mireia RuizMi Bio

Una vida arruinada por la adicción al alcohol

Volvemos a la normalidad, a la rutina, al día a día… Después de descansar y de estar en familia ves que los días pasan y […]

Volvemos a la normalidad, a la rutina, al día a día… Después de descansar y de estar en familia ves que los días pasan y que ya hemos consumido otro año para empezar uno de nuevo. Muchos reflexionan y en sus mentes está presente la voluntad de cumplir aquel reto u objetivo que se propusieron o de hacer realidad aquel eterno deseo.

Pero no para todos estas fechas son felicidad, armonía, tranquilidad y paz. He aquí el caso de Sebastián que, si recordaréis, en mi penúltima guardia fue detenido por maltrato a su anciana madre:

—Señor Sebastián, sobre todo escúcheme usted, ahora que se ha acordado la orden de alejamiento y de prohibición de comunicación no se le ocurra acercarse a su madre ni ir a buscar sus cosas a su casa, o lo detendrán por quebrantamiento, ¿me ha entendido usted? —Le decía su señoría cuando nos notificaban el auto de libertad a esperas de juicio.

—¡Sí, lo he entendido! Pero, ¿qué hará mi madre sin mi? —exclamaba él.

El caso de Sebastián es una auténtica lástima: no pudo superar su divorcio ni controlar la situación y cayó en la bebida.

Leía el atestado antes de que le tomaran declaración para saber más sobre el caso y, según leía, más atónita me quedaba. ¡Tenía más de 50 intervenciones con la policía! Y os diré que estas llamadas eran por parte de ciudadanos y se podían resumir en:

— ¿Policía local?

— Sí, ¡dígame!

— Hay un señor tirado en el suelo que apenas se mueve, ¡parece que este muy bebido!

— Ya vamos para allá, gracias por su llamada

De éstas hubo muchísimas dado que la adición al alcohol era tremenda.

Me contaba Sebastián que era alcohólico desde hacía años y que muchas veces, cuando despertaba en un banco de la calle o en el suelo de la entrada de algún cajero automático, veía que le habían robado.

—Yo no soy mala persona… —me decía. —Sólo que cuando bebo, como también me medico para la depresión, cambia mi comportamiento, pero nunca haría daño intencionadamente a nadie y menos a mi madre que es quien me ha recogido.

Recuerdo aquel momento en sala: el testimonio de la madre me hacía estremecer:

—Mi hijo es bueno, pero deja de serlo cuando bebe…. y ya no puedo más, tengo más de 90 años y apenas tengo fuerza para seguir viviendo. Mi corazón está roto y sólo quiero poder morir en paz. No puede seguir viviendo conmigo mi hijo porque será la causa de mi muerte. Cuando bebe entra en mi habitación, enciende la luz, me despierta, me insulta y me dice durísimas palabras que no tienen justificación alguna.

El maltrato al que era sometido esa anciana madre motivó la adopción de la orden de alejamiento y comunicación. Pero Sebastián no entendió nada (o no quiso entenderlo) porque hizo caso omiso de la orden de alejamiento.

—¿Mireia Ruiz?

—Sí, soy yo.

—Mira, soy Marta, una compañera. Te llamo para decirte que hoy han detenido a Sebastián porque se acercó a casa de la madre para darle un abrazo, porque decía que la encontraba a faltar y le han señalado juicio rápido para esta semana próxima.

—Esta situación le complicará mucho las cosas a Sebastián —fue mi respuesta.

Al final cada uno escoge y decide y, aquí, Sebastián decidió arriesgarse.

Mi consejo fue decirle a Sebastián: “Pide ayuda, búscala y cúrate porque, o acabarás en la cárcel o abandonado en la calle para siempre….”

¡Feliz semana!

 

Mireia Ruiz Ramírez

Fundación Mujeres Felices

Comentarios