Derechos de la mujer

Por Mireia RuizMi Bio

Cuando las adicciones te arrebatan a la persona que amabas

Son apenas las cuatro de la tarde del primer jueves de este mes de abril. Estoy en el tren, camino Barcelona, para recibir la última clase […]

Son apenas las cuatro de la tarde del primer jueves de este mes de abril. Estoy en el tren, camino Barcelona, para recibir la última clase del Curso que empece en septiembre sobre especialización en Derecho de Familia y la ultimísima jurisprudencia de nuestras Salas. Y como os decía, hallándome sentada y escribiendo este post voy observando las caras de esas otras tantísimas personas, muchas agotadas por el cansancio. Cada una de esas personas, esconden una historia, o mejor dicho, su historia. Pero la que yo os voy a contar no es la historia de ningún pasajero de este tren sino que es la historia de Isabel.

Isabel es farmacéutica, tiene apenas 40 años y su tormento empezó en marzo de 2016. Ella, como la inmensa mayoría de mujeres, se casó enamorada y convencida que nunca nadie ni nada le separaría de su marido, Javier. Con Javier tuvo dos niños preciosos que cuentan en la actualidad con 4 y 7 años de edad; el pequeño es un enamorado de su madre y el más mayor, algo más independiente, un admirador incondicional de su padre.

Isabel y Javier se conocieron en el trabajo, ya que ambos son farmacéuticos de vocación….. pero Javier no supo mantenerse en el camino correcto.

Tras años de matrimonio y tras el nacimiento de los pequeños, Javier empezó a alejarse de su familia. Su distanciamiento fue agravado tras la muerte de su madre, a la que le unía una especial relación de cariño. “La verdad es que cuando conocí a Javier ya fumaba”, me decía Isabel: “…pero nunca pensé que lo que llegaría a descubrir fuera una adicción que arrastraba hacía muchos años. ¡Lo he ayudado mucho pero no puedo más!… yo lo quiero pero no en lo que se ha convertido …. consumía cada día, bebía cada día y la bebida y el consumo de cocaína lo llevaba a ambientes muy oscuros; las compras se convirtieron en compulsivas y cuando tomaba desaparecía. Muchas veces llamaba angustiada preguntando: ¿dónde estás Javier? ¿Por qué nos haces esto?” ¡Isabel, con lágrimas en los ojos, me decía que no podía más!

Llegó a mí recomendada de otra cliente para regularizar su situación, una vez ya había tomado la decisión de que Javier no se merecía ninguna oportunidad más.

–”Tantos años viviendo en la mentira y boba de mí que, ¡nunca me di cuenta! Javier, en agosto de 2016 y estando de viaje con toda la familia en Francia, me lo confesó todo! Se veía atrapado en un país extranjero y con una necesidad inhumana de tomar; beber y gastar, por ello decidió contármelo todo y adelantar, así, el regreso a España.

Isabel, desconcertada al descubrir que vivía con un adicto a la cocaína, al alcohol, a los estupefacientes y demás… lo convenció para que ingresara en un centro hospitalario para después tratarse en un centro de deshabituación y desintoxicación….donde estuvo internado sin comunicación, hasta hará unas semanas atrás.

Durante todos estos meses, Javier apenas tuvo contacto con sus hijos; su voluntad era recuperarse para salir y abandonar, para siempre, ese camino equivocado. Pero cuando dejo el centro se dio cuenta que seguía llevando consigo todas y cada una de esas adicciones que le separaron de Isabel y de su familia.

En un papel firmado con sangre, le pedía, Javier a Isabel, que le diera la última oportunidad y que por favor lo encerrara sin poder salir a la calle; sin poder coger un teléfono; sin poder tocar una visa y, en definitiva, ¡sin libertad! Era así como Javier quería hacer frente a su problema.

Isabel llora a escondidas, le tiembla el pulso y apenas puede dormir. “Hace mucho que no sueño”, me decía, “…en mi casa tengo a aquel hombre que me enamoró y que ahora me suplica que sea yo quien le de la última oportunidad de salvarse pero…yo no puedo más…. ¡estoy agotada! No sólo es Javier; son los niños; la casa; el trabajo; el temor; la intranquilidad; el no saber qué me pasará o le pasará, a él, mañana…..” –me explicaba. Mi consejo fue contundente: ¡Sálvate tú de él, que sí puedes! Y Piensa que no depende de ti salvar o no a Javier, sino de él mismo. El debe buscar ayuda en los profesionales médicos. Tú ahora debes regularizar tu situación y proteger a tus hijos y por ello deberías empezar a pensar en presentar una demanda judicial. Javier no puede hacerse cargo de los pequeños porque no puede cuidarse de sí mismo, le decía.

Al día siguiente, Isabel,  me trajo la documentación para ir preparando el divorcio y me manifestó: “sólo el tiempo cura las heridas”.

¡Feliz fin de semana!

 

Mireia Ruiz Ramírez

Fundación Mujeres Felices

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