El Blog de Marian Frías

Psicóloga, sexóloga y coachMi Bio

Mejor mañana ¿te suena?

Procrastinación viene del latín PROCRASTINARE, que significa diferir, aplazar. Es cuando nos decimos o decimos, “luego”, “después”, “en otro momento”, “mejor mañana”. Procrastinación sexual: el […]

Procrastinación viene del latín PROCRASTINARE, que significa diferir, aplazar. Es cuando nos decimos o decimos, “luego”, “después”, “en otro momento”, “mejor mañana”.

Procrastinación sexual: el aplazamiento, el luego y el después, se convierten en las cientos de escusas que ponemos delante para evitar, retrasar o posponer los encuentros eróticos.

¿Te suena? De una manera u otra, todos hemos tenido o tenemos esta procrastinación en nuestra vida erótica. El punto de partida es, sin juzgarnos, cuestionarnos y analizar lo que nos lleva a esto. Es distinta la sensación interna de desear algo, que la sensación de tener que hacer algo. El deseo se activa con una chispa interna de querer; si surge desde fuera como obligación o presión, el deseo se asfixia como una vela que, al taparla con un vaso, se apaga y la dejamos sin oxígeno. Con lo cual, para que deseemos desear y no nos veamos obligados a tener que hacer, hay dos interesantes puntos de partida para que esta procrastinación sexual no sea el pan de cada día:

-El primero de ellos es ser conscientes de que para que algo me apetezca, me tienen que gustar sus ingredientes; a veces no es que no me apetezca comer, sino que me apetece algo en concreto, de tal manera que conocer y hablar de los ingredientes que quiero que tenga “el encuentro” es un buen inicio. Somos capaces de negociar y hablar sobre los ingredientes de una pizza de viernes noche, pero no nos paramos a elegir y decir los ingredientes que proponemos para “el postre”; o igual no estaría mal tomar de aperitivo ese encuentro sexual y no dejarlo para lo último.

-El otro punto de partida que nos aleja de la procrastinación es que, además de tener en la mente el cómo y el qué, hay que reflexionar y tener claro el para qué quiero, a que me acerca, dónde me lleva; preguntarnos ¿para qué quiero tener ese encuentro erótico? Los “para qué” pueden ser cientos, pero yo añado uno que para mí es muy importante. El sexo contribuye a nuestra felicidad, mucho y muy de cerca.

Conectar con uno mismo y con los demás, crear vínculos placenteros, nos ayuda a aumentar nuestro nivel de bienestar y satisfacción. Nos ayuda a elegir ver el vaso de la vida medio lleno. Crea y expande un mayor número de neurotransmisores en nuestro cerebro que favorece que aparezcan emociones agradables, no solo en mí, sino que se expanden en nuestro entorno. Algo así como “polvos mágicos”.

Si soy consciente de que encontrándome contigo, que encontrándome conmigo, me acerco a la felicidad, ¿lo dejaría para mañana? ¡Yo nooo!

Tú tienes la última palabra: ¿hoy o mañana?

Marian Frías
marianfriaspsicologa.com

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