El Blog de Marian Frías

Psicóloga, sexóloga y coachMi Bio

Érase una vez…

Aprendemos a empezar las cosas, a disfrutar de los infinitos inicios, incluso de inicios complicados y complejos; sin embargo, tengo la sensación de que sólo […]

Aprendemos a empezar las cosas, a disfrutar de los infinitos inicios, incluso de inicios complicados y complejos; sin embargo, tengo la sensación de que sólo nos manejamos bien en finales tipo “fueron felices y comieron perdices”. Pero ¿qué nos pasa cuando el final del cuento no es tal y como nos lo habíamos imaginado? ¿Cuántos cuentos recordamos que al final el príncipe y la princesa se divorcian, o cuando la princesa se enamora de otro que puede ser o no príncipe, o igual no es precisamente azul, cuando el príncipe se aburre de la perfección de la princesa, o la corona pesa demasiado y el ser príncipe no es la mejor opción?

Yo, la verdad, es que no recuerdo ninguno de esos ” finales no felices” en mis cuentos , y supongo que como yo, muchas personas no los tienen en su registro de finales posibles y buenos. De tal manera que cuando nos suceden, o suceden a nuestro alrededor, damos por hecho directa y automáticamente que mi historia, en ese preciso momento, deja de ser un cuento. Creemos y damos por hecho que es el momento de dejar de contarnos cuentos y que tenemos que vivir en esa cruda realidad, esa que nos han contado que está llena de sufrimiento, de situaciones injustas, y de frustraciones personales.

Ante los procesos de ruptura de pareja, aparecen grandes decepciones e incluso son vividas en muchos casos como un fracaso, como un borrón en mi historia, o como motivo de vergüenza, depresión y frustración. La ruptura se convierte en la excusa para sufrir y para herir. La excusa para tirar por tierra todo lo bueno que hubo durante lo que duró, y también para aprender todo lo que me enseñó cada circunstancia menos agradable.

Además, creemos que necesariamente una ruptura ha de ser dolorosa, no nos permitimos vivir, sentir o conectar con la liberación que en muchos momentos supone que termine una relación (que normalmente termina porque no funcionaba) , con lo cual, si no sufro como espero que se debería sufrir, sufro por no sufrir. Con lo cual, sino es el “único final esperado” inevitablemente, cualquier otro será peor y doloroso.
¿Por qué no podemos pensar que mi historia aún con ruptura sigue siendo un cuento? Un cuento en el que han aparecido cosas que no espero e incluso que a veces no hubiera elegido, pero que aún así siguen siendo perfectas para un cuento feliz. Finales llenos de ricos manjares, aunque no sean perdices.

Si nos planteáramos el objetivo de ver la perfección en todo lo que nos pasa, viviríamos la ruptura de pareja como un momento de aprendizaje personal, donde cada una de las cosas vividas han tenido su sentido, pero todas las que están por venir también. Un cuento feliz, a pesar de todo.

Yo , en mi cuento perfecto, elijo un final, que mucho me temo será perfecto , aunque mi príncipe no tiene por qué ser azul y a lo mejor es rojo , y mucho menos yo tengo que ser una princesa perfecta, simplemente elijo simplemente ser YO.

Marian Frías
marianfriaspsicologa.com

Comentarios