El Blog de Marian Frías

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Sexo con reloj

Normalmente creemos y pasa, o pasa por que lo creemos, pero la realidad es que con el paso del tiempo dentro de la relación de […]

Normalmente creemos y pasa, o pasa por que lo creemos, pero la realidad es que con el paso del tiempo dentro de la relación de pareja, suele aparecer la desgana sexual; menos y a veces peor. Los días pasan y simplemente pasan, pero además cuando se da el encuentro, el sexo suele ser más mecánico. Que eso suela suceder no significa que no pueda cambiar. Podemos intentar que esa tendencia natural sea contrarrestada con alguna resistencia. Indudablemente si sigo haciendo lo mismo lo más probable es que siga pasando lo mismo. Einstein decía que la locura era hacer lo mismo y esperar resultados diferentes.
Por eso la terapia sexual y de pareja, se basa entre otras cosas en proponer hacer las cosas que hacen de otra manera. Una de las tareas que suelo mandar en terapia de pareja consiste en: “Elaborad una lista con una serie de experiencias sexuales que os gustaría probar si fuerais otras personas, es decir, como si yo no fuera yo, y si tú no fueras tú.”

El otro día me encantó una de las cosas que descubrí en la lista de una pareja: UNO DE LOS DOS DEBERÁ DAR PLACER AL OTRO DURANTE MEDIA HORA SIN PARAR, el otro podrá hacer mientras lo que quiera, desde ver los mail, hasta consultar su facebook, o hablar con alguien por teléfono. El receptor del placer irá dando instrucciones: más despacio, mejor por ahí, sigue con lo que estás haciendo me gusta mucho…

A los dos les parecía una situación muy excitante, transformar a erótico, esas cosas que en ocasiones en la pareja generaban todo lo contrario. Solían enfadarse si uno miraba el móvil mientras que el otro le hacía algún gesto de afecto, o les molestaba que uno mandara a otro. Esa situación se daba de manera recurrente, y aunque los dos estaban de acuerdo que eran cosas menores, la realidad es que como aparecía en el día a día estas situaciones generaban bastante desgaste.
Pero lo más interesante fue, cuando les pregunté cómo llevarían a cabo esta situación tan erótica para los dos. La sugerencia de uno, fue clara y aceptada por ellos de inmediato: PONDRÍAN UNA ALARMA de diez, veinte o treinta minutos, durante ese tiempo el uno tenía que hacer lo que el otro quisiera.

A la siguiente sesión ya lo habían llevado a cabo. El experimento resultó todo un éxito. Volvieron a la siguiente sesión con un semblante diferente, con una mirada mutua de conexión. Y lo que les funcionó fue dedicarse totalmente al otro, sin vergüenza, sin ansiedad de si le gustaría o no, sin estar pendiente de un resultado, de mantener una erección, o de llegar al orgasmo, se dedicaron simplemente a disfrutar. Y por supuesto lo consiguieron.

Se olvidaron de uno mismo, de las exigencias que a veces nos autoimponemos ,este estado de confianza hizo que el placer emergiera de otra manera.

Tino ni no, tino ni no. Os dejo, me suena el despertador.

Marian Frías
marianfriaspsicologa.com

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