El Blog de Marian Frías

Psicóloga, sexóloga y coachMi Bio

El silencio que nos conecta

Normalmente lo que nos hace discutir dentro de una relación son temas recurrentes, lo de siempre. Son las mismas cosas o parecidas, las que hacen […]

Normalmente lo que nos hace discutir dentro de una relación son temas recurrentes, lo de siempre. Son las mismas cosas o parecidas, las que hacen saltar la chispa. En estas ocasiones tendemos a buscar la solución al asunto y pensamos que la forma de solucionarlo es hablar. Es muy habitual que se recomiende hablar de las cosas que no funcionan dentro de una pareja, pero también es cierto que en ocasiones cuando no estamos tranquilos, cuando es un tema recurrente, cuando sentimos vergüenza, culpa o enfado, las conversaciones en vez de solucionar parecen que enquistan y desgastan la relación. Muchas parejas me dicen, “hemos hablado de lo mismo cientos de veces y nunca llegamos a una solución”.

Sentimos que tenemos que hablar el tema, pero incluso después de 40 años de matrimonio hay temas por los que las parejas siguen discutiendo sin encontrar ninguna solución. No se llegan a acuerdos y frente a lo que suele parecer, el hablar no solamente no soluciona, sino que genera el efecto opuesto: desgaste y desconexión. Los temas por los que discuten las parejas de manera cotidiana suelen estar relacionados con la diferente manera de ver las cosas o diferentes formas de hacer lo que hacemos, diferentes prioridades y tiempos.

En ocasiones es interesante hacer un Stop dentro de las discusiones o antes de empezarla, parar el ruido de nuestra mente y hacernos la siguiente pregunta: ¿siento que esta conversación me está sirviendo para sentirme mejor?, ¿estoy discutiendo para resolver algo?, ¿noto alguna mejoría o noto que me desgasto en el esfuerzo? Si hablar no está solucionando nada, la siguiente pregunta sanadora es: ¿Qué quiero ser feliz o tener razón?

Muchas veces empezamos discusiones para llegar a soluciones y las mantenemos desde el intento de ganar la razón, tirando con fuerza de una especie de cuerda invisible, hacemos lo que sea para tener razón.  ¿Y si no la tiene nadie? ¿y si la tenemos los dos y hay cientos de posibilidades de ver y hacer las cosas? ¿y si no tenemos que estar de acuerdo con todo? Si en esos momentos de conflicto, cada uno tira de su lado de la cuerda con el objetivo de tener la razón, nos agotamos o nos rompemos.

¿Qué podemos hacer para mantener la conexión y no desgastar a la relación ante estas situaciones recurrentes? Es el momento de pasar al plan B: utilizar todas las ventajas y potencialidades del SILENCIO, ese gran desconocido.

En muchas ocasiones, respetar el tiempo de silencio, compartiendo un abrazo o una mirada, aporta mucha más conexión a la pareja que cientos de horas de charla. Permanecer en silencio juntos es curativo y reparador, nos llena de paz y energía. El silencio no siempre es indicador de falta de interés o lejanía, a veces es el vehículo más interesante para conectar con la pareja.

Para entrar en este silencio sanador y no el silencio frío de la distancia, es importante practicar lo que podemos llamar el noble silencio, ese silencio que nos cura, donde sentimos que estamos presentes, vivos. Consiste en tomar plena conciencia de la respiración para poder acallar la mente, y simplemente estar presente. En esos momentos podemos hacer uso de una pequeña campanilla, cuando una de las personas de la conversación la hace sonar, empieza el proceso de conexión, el plan B. Sabemos que seguir dando vueltas al tema, no sirve, no suma.

Así que te dices interiormente, tras tu STOP mental o ante el sonido de la campanilla, “Al inhalar, sé que estoy inhalando, al exhalar sé que estoy exhalando”. Poco a poco tras unas cuantas respiraciones desaparece ese ruido interior, se van callando los pensamientos, y entramos en silencio interno. Desde ahí tras unos minutos de respiración consciente, mirarnos, abrazarnos, dar un paseo sin hablar, potencia la conexión y la paz en la relación. Solamente estar de la mano, o mirándonos en silencio nos puede conectar más que cientos de horas de conversación. Desde el espacio del noble silencio, si tenemos que hablar hablamos, pero igual queremos seguir en silencio o hablar de otras cosas.

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