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10 características de todo tripulante de un yate de lujo

Todo tripulante de un yate de lujo que se precie, cumple con unas características muy concretas. Rasgos que ha adquirido poco a poco y sin […]

Todo tripulante de un yate de lujo que se precie, cumple con unas características muy concretas.

Rasgos que ha adquirido poco a poco y sin ni siquiera darse cuenta.

A decir verdad, yo sólo me he dado cuenta de que cumplía con todos ellos después de volver “a la vida real”.

¿Quieres saber cuáles son?

1. TIENES ALGUNA FORMA DE OCD

Vivir en esta lujosa y perfecta burbuja te ha vuelto obsesivo.

Ves huellas en todas partes, las marcas de agua te molestan, todo a tu alrededor está etiquetado (¡incluso la máquina que utilizas para etiquetar!) y juzgas al servicio más que nadie.

Y esto por supuesto lo aplicas a tu propia casa. ¡No existe casa más limpia y ordenada que la tuya en toda la ciudad!

2.      TU CONCEPTO DE ESPACIO PERSONAL HA CAMBIADO

Como os conté en este post, vivir en el pequeño área de la tripulación puede resultar complicado en algunos aspectos.

No sólo te has acostumbrado a vivir en un espacio reducido sino que los compartes con tu tripulación.

Has aprendido  a controlarte cada vez que vas de compras por el simple echo de que en tu camarote no queda ni un cm libre para ropa y zapatos.

3.      NADIE TE SUPERA JUGANDO AL TETRIS

¿Necesitas acomodar 65 botellas de San Pellegrino en un espacio en el que sólo caben 20? SIN PROBLEMA.

Porque tú trabajas en un yate de lujo y tus cualidades de almacenamiento son insuperables.

Reconocerás a una Jefa de Azafatas en el supermercado sin problema sólo viendo la manera totalmente perfecta en que va colocando todo lo que va a comprar en el carrito.

4.      VIVIR LAS ESTACIONES DEL AÑO AL REVÉS ES NORMAL

Tú pasas el invierno en el Caribe, mientras el invierno en tu país natal significa frío. Mucho frío.

Las Navidades, como os conté en este post, ya no significan chimeneas y chocolate caliente. Ahora significan piña coladas y barbacoas en la playa.

5.      YA NO TE ACOSTUMBRAS A LLEVAR ZAPATOS

La regla de “no zapatos”, como pudisteis leer en este post, se ha convertido en tu máxima de vida.

Tus pies ya no saben cómo comportarse cuando te pones los zapatos.

Ahora son libres, no les gustan los zapatos, e incluso, cuando sales del yate, no ves la hora de quitártelos.

6.      GOURMET SÓLO POR FAVOR

Ahora estás acostumbrado a comer sólo manjares cocinados por los Chefs de las personas más adineradas del planeta.

Sólo recuerdas cómo hacer tu desayuno, y poco más.

Esto se puede convertir en un pequeño problema cuando vuelves a “la vida real”.

¡Ese momento en que me di cuenta de que ya no tenía un Chef que me cocinaba todos los días fue uno de los más duros para mi adapatación a la vida real!

7.      HABLAS VARIOS IDIOMAS

Tu tripulación procede de los más diversos países a ambos lados del hemisferio.

Pese a que todos nos comunicamos en inglés, cada uno llama a la misma cosa por diez palabras diferentes.

Y todos tienen razón.

¡Nunca me había imaginado que el inglés fuese un idioma tan rico en vocabulario!

8.      LAS MARCAS DEL UNIFORME NUNCA DESAPARECEN

Cuando trabajas en un yate de lujo y sigues al sol durante todo el año, las marcas del uniforme no desparecen nunca, desgraciadamente.

Y esto no se puede arreglar con tu tiempo de lagarto al sol en bañador durante el fin de semana. ¡Mi lucha constante!

9.      TE HAS CONVERTIDO EN UN EXPERTO EN TERMINOLOGÍA NÁUTICA

Estás tan acostumbrado a llamar a todo por su nombre “náutico” que incluso cuando sales del yate, te cuesta utilizar las palabras que utiliza “la gente normal”.

La izquierda o derecha son para ti ahora “babor” o “estribor”.

Ya no dices delante o detrás sino “proa” o “popa”.

Y por supuesto sabes de qué dirección viene el viento sin ni siquiera pensarlo.

10.   NADA TE SORPRENDE: ¡TRABAJAS EN UN YATE DE LUJO!

Como habéis leído en diferentes posts a lo largo del blog, trabajas para la gente más adinerada y poderosa del planeta, y por lo tanto, esas excentricidades que al principio de tu carrera en yates de lujo hacían que tus ojos se abriesen como platos, ya forman parte de tu día a día.

Muchísimas gracias a todos los que me leéis cada semana y compartís los contenidos para que la pequeña familia de Ella, la Estrella y la Mar siga creciendo.

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