Ella, la estrella y la mar

Navegar, vivir y trabajar en un yate de lujoMi Bio

¡Hola a todos! Navegar, vivir y trabajar en un yate de lujo

¿Pero…cuál es exactamente tu trabajo? Ésta es la pregunta que más me han hecho durante los últimos casi siete años de mi vida. Cuando en […]

¿Pero…cuál es exactamente tu trabajo?

Ésta es la pregunta que más me han hecho durante los últimos casi siete años de mi vida.

Cuando en el año 2010, a punto de acabar el máster en Madrid, trabajando como camarera para poder pagar el alquiler e imaginándome un futuro no muy brillante gracias a la temible crisis, me surgió la oportunidad de empezar a trabajar como azafata en un yate de gran eslora, no tenía ni la más remota idea de cómo cambiaría mi vida.

Hoy, casi siete años más tarde, puedo decir que gracias a esa oportunidad he viajado por todo el mundo, siendo la mano derecha de las personas más poderosas del planeta y, por si esto no fuese suficiente, lo he hecho a bordo de los yates más espectaculares que existen.

Desde las cristalinas aguas de las Bahamas, el exclusivo puerto de St. Barths, el genial Canal de Panamá, pasando por las gélidas aguas del Atlántico, el siempre majestuoso Monte Carlo, o el mítico Capri, el halo de exclusividad y lujo que rodea a un yate de gran eslora, envuelve tanto a sus tripulantes como a sus invitados de una manera que te atrapa y hace que desde el minuto uno, lo ames.

La vida dentro de estas “mansiones flotantes” se desarrolla a un ritmo frenético para sus tripulantes.

Colocar con la máxima precisión la vajilla de Raynaud, abrillantar la cubertería de Christofle, pulir las copas de Baccarat y asegurarse de que la mantelería de hilo está perfectamente planchada para sorprender a los dueños de estos yates cada mañana son algunos de los trabajos a los cuales la tripulación dedicamos largas horas cada día.

No existe en este trabajo ni un solo minuto que no esté dedicado a atender todas y cada una de las peticiones que los dueños del yate realicen.

Todo esto se traduce en larguísimas jornadas laborales en las cuales los tripulantes habremos atendido a grandes empresarios, dignatarios y personalidades de los más diversos ámbitos, siempre con una gran sonrisa en la cara.

Al final del día, podemos irnos a descansar con el placer de haber satisfecho todas sus necesidades a la perfección.

Cuando las vacaciones de los dueños del yate terminan, empiezan las nuestras y cual billonario, el tripulante podrá disfrutar de una copita de Cristal en el Casino de Mónaco, un trocito de tarta Tropézienne en el puerto de Saint Tropez o una cena en el maravilloso Porto Cervo.

Pequeños grandes placeres que hacen que todas esas horas de duro trabajo se olviden y nos hacen sentir como los profesionales más afortunados del mundo.

Si quieres descubrir cómo es el día a día de las tripulaciones de yates de lujo, ¡sube a bordo!

 

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