Ella, la estrella y la mar

Navegar, vivir y trabajar en un yate de lujoMi Bio

Excentricidades en los yates de lujo

¡Hola chicos! Una semana más estoy aquí y no os lo puedo agradecer más. En mi último post os expliqué en qué consiste el trabajo […]

¡Hola chicos! Una semana más estoy aquí y no os lo puedo agradecer más.

En mi último post os expliqué en qué consiste el trabajo de una Jefa de Azafatas ya que ésa es la pregunta que más me han hecho durante estos años.

Pues bien, la segunda pregunta más recurrente es: ¿cuál es la petición más excéntrica que te han hecho?

Para ser honesta, al principio TODO me parecía excéntrico. Como os podéis imaginar, para una chica que ha crecido en un pueblo, que acaba de terminar la carrera y que nunca se ha movido antes en círculos de este nivel, el simple hecho de estar trabajando y viviendo en un yate de lujo, ya es excéntrico.

Después de todos estos años trabajando para estas fortunas, podría decir que cuando se alcanza un cierto nivel, estratosférico e inimaginable para el resto de los mortales, poco o nada de lo que te ofrezcan te resultará suficiente.

Los tripulantes trabajamos durísimo, de sol a sol (literalmente), para encontrar la manera de sorprender y contentar a nuestros huéspedes cada día.

Si el dueño del yate nos pide a las 4 de la madrugada que le sirvamos a él y a sus invitados caviar de beluga acompañado de la mejor botella de Champagne Cristal que haya a bordo, lo hacemos.

Si nos pide que enviemos el avión privado de las Bahamas, donde nos encontramos, hasta París, ya que la única carne que le gusta es la carne que encuentra en un determinado mercado de París, lo hacemos.

Si su esposa nos pide que vayamos a pagar la cuenta de 50.000 euros que ha dejado en una tienda de Porto Cervo, lo hacemos.

Estos son sólo algunos de los ejemplos reales que yo he vivido en primera persona. Por supuesto, la primera vez que me hicieron una petición de este tipo, aún intentando disimular, los ojos se me abrieron como platos, sin embargo, conforme pasa el tiempo y te empapas de ese estilo de vida, ya casi nada te resulta sorprendente.

El valor de compra medio de un yate como en los que yo he tenido la suerte de trabajar es de unos 40 millones de euros, aproximadamente, y su valor de alquiler semanal, de unos 400.000 euros. Por lo tanto, partiendo de esta base, la palabra “no” se borra automáticamente de nuestro vocabulario.

Si os ha gustado este post, no dudéis en comentar y compartirlo entre vuestros amigos. ¡Seguramente muchos de vosotros seríais magníficos tripulantes de yates de lujo!

Un abrazo y ¡hasta el próximo jueves!

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