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Trapecio: así es como aprendí a volar

Sí, ¡he volado! Me he colgado como un jamón de un trapecio, ¡y lo he disfrutado muchísimo! Pero voy a empezar desde el principio, uno […]

Sí, ¡he volado! Me he colgado como un jamón de un trapecio, ¡y lo he disfrutado muchísimo!

Pero voy a empezar desde el principio, uno de mis sueños ha sido siempre subirme a un trapecio. Bueno, en realidad, de pequeña quería vivir en un circo, en una caravana y ser trapecista, payasa, domadora… pero sufro de vértigo (y vive en mi una pequeña burguesa) así que en cuanto tomé conciencia del tema, lo descarté rápido.

Por eso, cuando supe de la existencia de clases de trapecio, no me lo pensé, tengo que ir… tengo que subir y saltar, aunque me cueste la vida hacerlo. Los miedos están para superarlos, o por lo menos intentarlo.

Fui a Carampa, una escuela de circo en la Casa de Campo de Madrid donde se imparten cursos de Artes y Técnicas Circenses. Existe desde 1994, tiene un grupo de pedagogos de altísimo nivel y ha recibido el Premio Nacional de Circo del Ministerio de Cultura. Estaba en buenas manos.

Allí contacto con Olivier, el encargado del Trapecio Volante, que es el tipo de trapecio que todos hemos visto en el circo, porque existe otra clase llamada Trapecio Estático o Trapecio sin vuelo. Pero no, yo quería volar. Me cita el Sábado a las 12.00 de la mañana, en la clase somos unos 10, de todos los niveles, todos juntos.

Nos descalzamos y empezamos un calentamiento guiado por Héctor, el ángel que más tarde calmaría mis nervios en la plataforma, pasamos a un trapecio estático, bajito y probamos las figuras que más tarde íbamos a hacer arriba. El truco está en hacer cada figura en el “up” que es el punto mas alto del columpio. ¡¡Empieza la movida!!

Cada uno tiene sus miedos, para mi sin duda fue subir por la escalerita de hierro que lleva a la plataforma. Diez metros y un arnés de seguridad… y mucho miedo. La gente los subía tan pancha, pero yo no podía y ahí fue donde Olivier decidió que Paloma, una bióloga y alumna aventajada, me acompañara por la escalera. Gracias a ella, su mano y su voz, fui poco a poco acercándome a la cima soñada…

Subí, pasé a la plataforma, realicé los movimientos y anclajes adecuados y me puse en la posición de salto. Ya estaba allí, ahora solo quedaba confiar. ¡Respiré un par veces y salté!

Desde abajo Olivier te va gritando los movimientos que tienes que hacer a la vez que maneja la cuerda que te guía y te ayuda a girar. es muy impresionante hacerlo, muy liberador. Yo subí 4 veces, la última ya subí sola y salté sin miedo, os enseño el resultado en el vídeo.

Una experiencia absolutamente recomendada, eso sí, hay que llevar mallas para que no te rocen las corvas y calentar y estirar muchísimo. Aun así, las agujetas serán muy fuertes. La clase cuesta 20 euros, dura unas 3 horas y se hace en época de buen tiempo. En invierno hay un trapecio cubierto mas pequeño.

¿Ventajas? Confianza en uno mismo, superación, adrenalina y volar.

 

 

Rocio Muñoz-Cobo. Actriz.

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