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Test Nutrigenético, ¿funciona?

Últimamente he escuchado mucho hablar de la Nutrigenética. De hecho, he conocido varias personas que han modificado su dieta después de hacer uno de sus […]

Últimamente he escuchado mucho hablar de la Nutrigenética. De hecho, he conocido varias personas que han modificado su dieta después de hacer uno de sus test. Así que como buena Probadora, ha llegado el momento de probarlo en mis carnes, que es como se prueban bien las cosas.

Comienzo informándome de qué es la Nutrigenética: ” Una rama de la genética que estudia la relación entre los genes y la respuesta individual a la dieta”. ¡Ah! entonces por eso llevo toda la vida preguntándome por qué mi amiga se pone ciega a bollos y no engorda y yo si. O por qué a mi prima, después de un yogur, se le llena la cara de granos y a mi no. Está claro que dos personas comiendo lo mismo reaccionan de manera diferente.

La Nutrigenética estudia nuestro ADN que es una molécula muy compleja que se encuentra en el núcleo de todas las células de cada organismo. El ADN de los seres humanos contiene aproximadamente 30.000 genes. Todos compartimos el 99,9% de esa información genética y es el 0,01% lo que nos hace diferentes. Se trata de conocer a fondo ese porcentaje para saber como podemos sentirnos mejor y evitar enfermedades. La dieta es clave porque siempre estamos expuestos a ella y ofrece posibilidades de modificación y de adaptación.

La Nutrigenética nos ayudan a establecer qué alimentación debemos seguir para prevenir las enfermedades que se han identificado con el análisis y que pueden evitarse o modularse mediante unas pautas dietéticas concretas. De esta forma, se alcanza la máxima personalización de la dieta.

Con toda esta información, me encamino a la Clinica Cres y allí me recibe  Ana Martinez, responsable del Departamento de Marketing. Me explica que el funcionamiento es muy sencillo. Me van a tomar una muestra de saliva ya que las células de mucosa tienen el núcleo mas blandito y se extrae mejor el ADN. Cuando tengan los resultados, pasado un mes más o menos, me llamarán y concertaremos una cita. Lo analizan todo: el control del apetito, la saciedad, la tendencia a la obesidad, la respuesta al ejercicio físico, la capacidad para asimilar alimentos y las posibles intolerancias.

Me pasan a otra sala, me hacen la ficha donde preguntan la edad, la altura, el peso, la historia clínica, los hábitos y la carga genética. Y me extraen la saliva. Es importante no haber comido, bebido ni fumado media hora antes de la prueba. Incluso te preguntan si te has lavado los dientes o te has pintado los labios ya que la prueba puede verse contaminada.

En el mes que restó hasta que me dieron los resultados, me dediqué a recapitular qué alimentos me sientan bien y cuales mal, si me hincho, si me producen malestar…. A estas alturas, algo de información de nuestro cuerpo ya tenemos.

Y llega el día. Reconozco que estaba un poco nerviosa. ¿Y si descubren algo que no tenía ni idea?  ¿y si me quitan un alimento que me encanta?.

Me recibe María Cayuela, farmacéutica, ya que la doctora que se encarga de esto hoy no está y empieza a leerme el dossier con mi nombre y toda mi información.

Algunas cosas ya las sabía, como que no tengo sensación de saciedad. Pero mola que te lo confirme un especialista. Nunca he entendido que la gente diga que está llena. A mi, no me pasa. Yo paro de comer porque entiendo que ya hay que parar. Por lo visto, tengo un desajuste con la Leptina, la encargada de regular todo esto. El resto de las cosas que me fue contando María, más o menos ya las sabía, pero no por ello dejaba de ser interesante escucharlas.

La sorpresa vino cuando me enteré que era intolerante al gluten. Yo ya lo venía intuyendo porque a mi el trigo me sienta entre mal y peor, pero lo del gluten son palabras mayores. Me calmó explicándome como se lleva una dieta sin gluten y que significa ser genéticamente propensa a padecer una intolerancia al gluten o una celiaquía.

Me explica que significan todos los valores. Hacemos un repaso detallado por todos los alimentos, me propone un tipo de dieta basada en mis intolerancias y en las cosas que me sientan bien y me entrega en un librito toda la información que me acaba de contar.

Desde entonces sigo sus indicaciones a rajatabla y tengo que decir que me encuentro mucho mejor. Mi dieta, excepto por el “pequeño detalle” del gluten no ha cambiado tanto, pero ahora ya se porque me cuesta tanto perder peso y cual es el camino correcto para hacerlo, entre otras muchas cosas. ¡Ojo! Quiero aprovechar este pequeño espacio para decir que no entiendo como se puede hacer una dieta sin gluten sin un diagnóstico de intolerancia o celiaquía, me parece una mamarrachada quitarse esta molécula y meterse en camisas de once varas sin tener un resultado clínico. A veces las modas son contraproducentes, esto es así.

El precio de este test es de 300 euros. Incluye las dos consultas, la de recogida de saliva y la que te explican el dossier detallado que luego te entregan.

Para mi, sin duda, ha sido un descubrimiento.

En diez días un nuevo post con un tratamiento muy relajante ( ya me estoy frotando las manos).

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