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Mi discurso de boda

En nuestro objetivo de hacer este blog algo personal y abrirnos un poco más a todos vosotros, hoy quiero compartir el discurso que escribí para […]

En nuestro objetivo de hacer este blog algo personal y abrirnos un poco más a todos vosotros, hoy quiero compartir el discurso que escribí para la gran boda lunera. ¡Y puedo deciros que no es tarea fácil! A lo mejor os sirve de inspiración o de ayuda. A lo mejor os gusta o a lo mejor no. Pero, sea como sea, ¡contadnos qué pensáis!

¡Allá va!:

Estoy escribiendo este texto desde una cafetería del barrio de las Letras de este Madrid en el que llevo ya viviendo nueve meses y que me sorprende y enamora todos los días. Hace sol por fin, huele a pan y creo que no podría haber escogido un mejor lugar para escribir esto porque los ventanales de madera y las paredes están pintadas en color menta que me recuerda mucho a ti, Ele. Así que, mientras os escribo esto pienso que deberíamos venir a desayunar algún día.

No sé exactamente lo que se espera de un discurso de ceremonia o de qué se debería hablar en él. ¿Del matrimonio? ¿De vuestra relación? ¿De cómo espero que os vaya en el futuro? Creo que son temas inabarcables que solo os competen a vosotros y de los que yo no podría daros ningún consejo mejor que los que podéis darme vosotros a mí. Así que, os voy a decir cosas más cercanas, cosas de las que solo podamos hablar nosotros y que ocurren en el microuniverso que separa vuestra casa de la mía.

Últimamente he ido preguntando a la gente qué es para ellos el amor y la mayoría me responde que son MOMENTOS, una chispa, un instante fugaz que viene y va. Si la pregunta es qué es la felicidad, la respuesta es parecida: es disfrutar de los pequeños momentos y de las pequeñas cosas.

Pero yo creo que es completamente al revés, que la vida está llena de cosas pequeñas que no deberían ser importantes: una pelea con tu jefe, seguir una dieta, no faltar al gimnasio, no tener suficientes seguidores en Instagram… Lo que verdaderamente es significativo son las cosas grandes, tan grandes como reunir en un mismo sitio a toda la gente que os quiere; como tener ambiciones y construir planes;  como haber encontrado a alguien que pueda contrarrestar todas esas cosas rutinarias que son pequeñas y que no dan la felicidad. 

Por eso creo que hoy no solo estamos celebrando que os casáis sino que esto es una fiesta por muchas más cosas. Lo que estamos haciendo aquí, hoy, es celebrar las huidas hacia delante, vuestros dos besos diarios, celebrar que llevo tacones y aún no me he caído y que, ojo, ninguna de las mujeres invitadas lleva el mismo vestido que otra. Ele, estamos aquí para celebrar que te quedan muchísimos años de disfrutar de lo buen cocinero que es Jorge, de vuestro deseo de compartir aventuras, de conjugar juntos todos los verbos del diccionario y de despertaros en muchos lugares diferentes. Celebrar la incertidumbre y el miedo, celebrar que somos inconformistas y valientes y, sobre todo, lo más importante en una boda, celebrar que finalmente hoy no ha llovido.

Y que habéis encontrado vuestro propio refugio juntos porque entre vosotros no tenéis que ser exitosos ni fingir que estáis contentos cuando estáis tristes. Podéis disfrutar del silencio, podéis volveros locos o ser absurdos, podéis discutir cuando vayáis a IKEA, porque no pasa nada, e incluso podéis oler mal. Y eso es lo que verdaderamente mola de todo esto.

Ele, he aprendido mucho más de ti en estos meses que de cualquier máster que haya venido a hacer. He aprendido, por ejemplo, a que un auténtico madrileño no pide perdón cuando se choca con alguien en el metro, he aprendido un montón de palabros en inglés que me encantan y que solo sirven para que parezcamos increíblemente modernas y pedantes. He aprendido todas y cada una de las cosas que ahora mismo sé sobre bodas, y en parte, también sobre amor y con eso he aprendido que las cosas que nunca hubieras imaginado te pueden hacer feliz. Que formamos un buen equipo y que nuestro mayor problema es que todavía no hemos discutido.

Jorge, soy fan de ti. Porque eres listo y porque eres bueno (y sé que la palabra bueno parece facilona pero creo que es exacta y perfecta para ti), porque tienes la dosis justa de frikismo y porque tu sentido del humor siempre va un paso por delante de todos, o sea que a veces me río y no lo he entendido. Y porque miras a Ele como si le estuvieras diciendo aquello de “yo mataré monstruos por ti”, siempre atento para estar debajo si tropieza o empujando por si se detiene. Y quiero que sepas que todo esto lo digo para ser la número 1 en tu ranking de primas. 

Quizá, no os haya dado suficientemente las gracias por haberme ayudado tanto desde que llegué a Madrid, ni por confiar en mí, ni por dejarme ser testigo de todo esto, pero no os miento cuando os digo que me habéis hecho sentir muy especial.

Ele, eres la hermana que con trece años nos sentaba delante del ordenador para enseñarnos el que iba a ser su vestido de novia. Por eso, sé que lo que está pasando aquí hoy es muy importante para ti. Para los dos. Y aún así, mi deseo como hermana, más que como prima, es que todo lo que viváis aquí, hoy, sea el recuerdo menos emocionante de todo lo que os queda por vivir juntos a partir de ahora.  

Voy a terminar con una frase que me gusta mucho, que sale de mi libro favorito y de la cabeza de mi escritor favorito y que resume de una forma muy sencilla la vida: “Hay momentos para recitar poesía y hay momentos para boxear”. Bueno, pues esto ha sido la poesía y a partir de ahora hay que salir a pelear.

Felicidades. Os quiero mucho.

 

 

Y ¡taráaaan! Aquí tenéis un pequeño fragmento del discurso y un trocito (¡en primicia!) del vídeo de la boda.

Fotos: Silvia Sánchez Fotografías

Vídeo: Y fueron perdices

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