Luna Se Casa

Mi Bio

De una boda sale otra boda

Siempre me ha gustado el dicho “de una boda sale otra boda”. ¿Puede haber un momento más bonito para dar el pistoletazo de salida a […]

Siempre me ha gustado el dicho “de una boda sale otra boda”. ¿Puede haber un momento más bonito para dar el pistoletazo de salida a otro día mágico? Cuando estás en pleno proceso de organización de la boda imaginas cada minuto y uno de los que más ilusión me hacía era el momento del ramo.

Dudé muchísimo acerca de qué hacer con mi ramo de novia. Lo diseñé con mimo junto a las chicas de Verde Pimienta, tras muchas pruebas, casi tantas como de vestido (tal vez demasiadas para un ramo). Tenía clara la forma (algo despuntada), los colores (fuertes a juego con mi labial, mis uñas y el precioso arco de la ceremonia)… Así que el simple hecho de desprenderme de él, para siempre, me generaba nostalgia.

Por ello, ni corta ni perezosa, decidí replicarlo. La primera opción que barajé fue la de entregarlo, y tenía claro a quién. Pero la idea de lanzarlo, desde lo alto de la escalinata de la Finca Najaraya, me tenía conquistada. Dicho y hecho. ¡Para qué tener un ramo si puedes tener tres! Solicité dos réplicas exactas al mío en forma y color pero algo más pequeñas (el mío pesaba un quintal…).

Decidimos que el momento idóneo sería en la recepción, tras la suelta de globos, momento en el que todos mis invitados estarían en la zona baja de la finca y así podrían agruparse las mujeres solteras. Mi sorpresa fue cuando escuché a mi madre, micrófono en mano, animando a las solteras a colocarse en la parte baja. Ataque de risa por mi parte incluido.

Llega el momento. Antes de girarme localizo dónde está Sil. Está a la izquierda. No apuntes hacía allí. Comienza la cuenta atrás. Me doy la vuelta y les doy la espalda a todas. Mil caras pasan por mi mente. ¿Quién lo cogerá? 3, 2, 1. ¡Despega! Y automáticamente después oigo un “Ooooohhh” a coro. Acompañado de un “Ooootra, ooootra”. ¡Merde! ¡Se ha ido al suelo! Mis esfuerzos por que no le cayese a Sil se me han ido de las manos (nunca mejor dicho).

¡No hay problema! Repetimos que le estoy cogiendo el gusto. Esta vez apunto al centro y que sea lo que tenga que ser. Otra vez todas esas caras por mi mente. ¡Preparadas, listas, va! … ¡Bien! Revuelo, risas, aplausos. ¡Quién será!

Me giro y la veo, copa de vino blanco en mano, y el ramo en la otra. Mirando al suelo con cara de ¡ay, madre! ¡Emoción máxima, ha sido R! Buen tiro, Luna, no podrías haberlo hecho mejor. Corro escalera abajo con mi cola “arremangá”. (Nunca llevo tacones y la anestesia bodil ya podía permitirme hasta bajar escaleras corriendo).

Tenía que ser ella. La media piña de “mi rubio”. Le abrazo fuerte. Es una señal amiga. Le agarro de la mano y busco rápido con la mirada a “mi rubio”. Es fácil localizarle, todos los gorilas de mis amigos se le han echado encima entre gritos y aplausos. Arrastro a R hasta él y le digo a mi querida fotógrafa Silvia Sánchez: “Dispara aquí que les va a tocar ser los próximos”.

Tras la boda, muchas eran las quinielas acerca de cuándo el rubio se lanzaría y nos sorprenderían con un anillaco. Y no tardó mucho. Un par de meses después, en pleno viaje por la costa oeste de EEUU, se hizo realidad. Y yo amigos, que no tuve pedida, (o la tuve a mi manera como dice mi amiga Manu), disfruto con cada historia que me cuentan. Que te pidan matrimonio en pleno Cañón del Colorado, creo que no tiene precio.

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Así que en 10 meses nos vamos de bodorrio, y esta me hace especial ilusión. Porque les quiero. Porque son tal para cual y porque me gusta saber que toda la vida estaremos vinculados en el inicio de este viaje hasta el día B. Porque creo en el destino y el destino quería que mi soñado ramo lo tuviesen ellos a modo de testigo. Disfrutad de esta carrera de fondo amigos. La más larga y bonita de vuestra vida. Y yo, que esté siempre ahí, para verlo.

Luna. 

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