Objetivo It Boy

by Roberto RuizMi Bio

Milán, a través de los ojos de un modelo

Bienvenidas a la nueva etapa de Objetivo: It Boy, que arranca en Milán, una de las capitales de la moda. Espero que disfrutéis el viaje… […]

Bienvenidas a la nueva etapa de Objetivo: It Boy, que arranca en Milán, una de las capitales de la moda. Espero que disfrutéis el viaje…

El motor de Milán son los sueños, que hacen girar a una ciudad desgastada, como si su historia le hubiera pasado por encima varias veces, dejando entre sus grietas el encanto de lo usado para el que lo quiere ver. La moda la revitaliza cada día, manchando con los colores de la ilusión sus calles grises, donde modelos de todo el mundo que rechazaron tener un hogar hacen cola buscando enamorar a los artistas que esperan dentro, todos sabiendo que será difícil, pero también bonito. Con la emoción de una vida en la que lo único seguro y estable es que la vas a vivir.

A algunos modelos, que vienen, por ejemplo, de París, donde venían de Nueva York, donde venían de Londres, donde venían de… no les gusta Milán. No se parece, del todo a Italia. Es más fría; está en la parte más descubierta de la bota, llueve más; está más cerca de las nubes, y anochece antes; con la oscuridad metiendo prisa. Es decir, se viste de tristeza. Pero hay otros modelos que saben ver el encanto que se esconde tras ese manto de niebla.

A la salida de la imponente ‘Stazione Centrale’, hija de la Italia más imperialista, que recibe con sus inmensos arcos tan abiertos como brazos dando la bienvenida, la primera impresión, en un giro sobre uno mismo, no es gran cosa. A no ser que detengas todo para fijarte en uno de sus rincones más desapercibidos, para ver, aun en días en los que la globalización fotocopia las cosmópolis, los rasgos que la hacen diferente. Será una calle de piedras atravesadas por los carriles de un tranvía de madera barnizada, tan encantador como un juguete viejo, que se abre paso lentamente entre árboles tristes; seguramente por no poder montar o entrar por el cartel de luces de neón que ofrece pizza.
Tanto a los que les gusta como a los que no les gusta Milán, o tanto los que saben ver su encanto como los que no, o tanto los idealistas tristes como los que no lo son, coindicen en que la ciudad es dueña de lugares que hay que admirar en vida. Entre ellos, empezando por el más representativo, la catedral, ‘Duomo’. Cuando contemplas una obra de arte y decides acercarte para examinarla detenidamente, a veces, es cuando ves sus imperfecciones. En Duomo pasa lo contrario, cuanto más te acercas, más te absorbe su belleza. Lo mismo pasa con las reconocidas modelos que encontré en castings, fiestas o iluminando el apagado metro. Hay diferentes razones, pero solo por la curiosidad de contemplar lo distinguido es tan difícil apartar la mirada como las manos de unas piernas bonitas en la última fila de un cine vacío. Son más guapas que en las fotos y que en la tele. Porque son de verdad y van sin maquillar, desprendiendo el aura de la belleza auténtica, en directo, sin trucos, con un Dios reencarnado en cada gesto que solo se puede ver al quitar la máscara de la cámara.

Subí a la cima de Duomo, descubriendo arriba cómo podemos pensar que la eternidad nos pertenece y recordando lo diminutos que somos ante ella abajo.

Ahí abajo, la semana que viene, en la segunda parte, os cuento qué hacen en esta ambientación los modelos; para los que la rutina es una utopía, su lugar favorito es el que todavía no han visitado y solo comer sano un mito.

Roberto Ruiz
rroverdose.com

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