Objetivo It Boy

by Roberto RuizMi Bio

Se quema el extintor

Había música, gin tonics, chicas guapas con las que bailar y al fondo, como escondiéndose, césped con dos porterías. Es decir, lo suficiente para que […]

Había música, gin tonics, chicas guapas con las que bailar y al fondo, como escondiéndose, césped con dos porterías. Es decir, lo suficiente para que diera la espalda a todo lo demás mientras caminaba hacia allí atrapado por un anzuelo: el balón. Entré del mismo modo que lo hacía en los estadios, dando tres saltos sobre mi bota derecha, que ahora en lugar de tacos tenía tacón.

¿Has leído el cuento de Borges llamado El otro? Un hombre mayor se sienta en el banco de un parque y, al rato, a su lado se acomoda otro, que es él mismo cuando era joven. El primero le cuenta quién es y el chaval responde que si fuera cierto aquel señor recordaría que cuando era joven, una mañana, en un banco, alguien le dijo que era él unos años después. Lo que yo entendí es que lo olvidó, porque para seguir adelante hay que olvidar el pasado. En el aquel pequeño campo de fútbol había un niño rubio que me recordó a mí. Desprendía verdadero amor por jugar. No de los que contestan “futbolista” cuando le preguntan qué quiere ser de mayor, sino de los que se van a dormir cuando sus amigos salen porque al día siguiente tienen partido. ¿Qué le dirías a tu ‘yo’ de hace diez años? Yo no le dije nada, porque para disfrutar el presente hay que olvidar el futuro.

Nunca me había sentido tan delantero centro tanque como aquella tarde de niños. Marqué gol y recordé una pregunta de la entrevista que me hicieron hace poco para El País de los estudiantes: “¿Qué sientes desfilando sobre la pasarela?” Contesté que a los modelos que responden “adrenalina” yo les digo que si creen que eso es adrenalina es que nunca no han marcado un gol en el último minuto. Porque las lesiones siempre vienen en el peor momento. Cuando vivía del fútbol los esguinces llegaban en el último entrenamiento antes del derbi, y ahora en aquella pachanga unos minutos antes de ir a un festival de música. ¿Y qué hacía? Jugaba. ¿Y qué hago? Bailar.

Mi sueño ardió como el amor de mi vida pero duró lo que una cerilla. Unos años después, escribir es mi extintor. Pero, en este momento, escribiendo sobre el incendio, es como si el extintor se quemara justo al recordar que la sensación en aquel campo fue la que sientes haciéndolo con el amor de tu vida sabiendo que no volveréis a estar juntos. El gol fue el orgasmo y la brisa al celebrarlo las caricias de después.

Roberto Ruiz

RRoverdose.com

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