Objetivo It Boy

by Roberto RuizMi Bio

Fútbol para mujeres

Un párrafo del escritor Pedro Sorela, en su novela El sol como disfraz, contiene la inagotable belleza de ver algo por primera vez: “Un día […]

Un párrafo del escritor Pedro Sorela, en su novela El sol como disfraz, contiene la inagotable belleza de ver algo por primera vez: “Un día despiertas y la ciudad en la que vives es distinta. No porque hayan cambiado sus edificios, o su cielo. Porque te han cambiado los ojos”. A veces, lo hemos mirado tanto que se ha deteriorado. Entonces, hay que construirlo de nuevo. Lo que se ha desgastado es la mirada. Con el fútbol ocurre. Hay que verlo como si no fuera fútbol. En vez de un sábado por la tele, se puede ver en un centro comercial, haciendo shopping. El fútbol es el chico que en lugar de unas escaleras mecánicas ve una oportunidad para estirar gemelos el día antes del partido.

Lejos de las luces y los diamantes de la alfombra verde, el fútbol manifiesta su esplendor sobre el barro de un campo de tercera en el que, al día siguiente, ese chico se ha hecho hombre persiguiendo lo que nadie más ve, salvo su abuelo desde la grada; quien todavía bromea con los ojos brillantes aunque las promesas oscurezcan a los treinta años: “Hijo, el primer millón que ganes, para mí”. A veces el fútbol hace como la cultura dando sentido a las cosas que normalmente no lo tienen. Como ha hecho con el domingo por la tarde de ese abuelo. El fútbol es la inocencia de los niños que aún no han aprendido las suficientes matemáticas como para calcular cuántos llegan. Y la mala memoria de los abuelos que prefieren olvidar los números porque la literatura enseña a celebrar la derrota. Desde la primera página.

El fútbol se lee, igual que una novela romántica. Hay crónicas tan bien narradas que apetece más leerlas que ver el partido. Incluso, que jugarlo. Hasta que el amigo de ese hombre, unos años más tarde, a quien ve gracias a la excusa del partido en el bar, le pregunta si hay algo que le haría más feliz que escuchar ese himno de la Champions ahí dentro. Entonces recuerda que la calidez de la amistad se fundía con más facilidad a altas pulsaciones, viendo a ese amigo años atrás, cuando el destino aún no los había alcanzado, morir por una carrera sacrificando la posición para corregir su error y que nadie más lo vea. “Esto queda entre amigos”.

El fútbol es filosofía. Aprendes que los balones más importantes llegan siempre cuando menos lo esperas. Es una metáfora, como cualquier otra. Los periodistas responden bien las preguntas por la misma razón que los porteros tiran bien las faltas. Es pensamiento, como cuando Michel Platini sostuvo que “el fútbol está hecho de errores porque el partido perfecto es el 0-0”.

El cine lo tiene todo, pero no tiene fútbol, y el fútbol sí tiene cine. Anne Hathaway, en la desgarradora escena de Los miserables entonando ‘I dream a dream’ como si fuera una canción de amor, ira, temor, alegría y tristeza al mismo tiempo, podría estar hablando de una lesión final: “Hay tormentas que no se pueden predecir”.

El fútbol es que, sin darme cuenta antes, el noventa por ciento de los textos de este blog contienen un guiño al fútbol. Y, sin darme cuenta ahora, este lo he escrito para resarcirme del otro diez por ciento. Por eso termino citando el mismo escritor y la misma novela del principio: “no hay nada más melancólico que el personaje de una obra de teatro que sigue interpretándola sin saber que ya ha acabado”. El fútbol empieza después del final.

 

Roberto Ruiz
www.rroverdose.com

Comentarios