Objetivo It Boy

by Roberto RuizMi Bio

Escalada en ascensor

La vida es corta pero el viaje es largo. Sobre todo si es en ascensor. Los americanos lo saben. Por eso inventaron la técnica del […]

La vida es corta pero el viaje es largo. Sobre todo si es en ascensor. Los americanos lo saben. Por eso inventaron la técnica del elevator pitch. El rollo del ascensor. A los americanos les obsesiona ascender; pero por ellos mismos. Así que se trata de convertir los minutos, o incluso segundos, que tardas en subir en una escalada para toda la vida; aferrándote con tus propias manos a la roca que, por la casualidad, o causalidad, que gobierna los ascensores, está clavada ante ti.

Las oportunidades que más esperas llegan cuando menos las esperas. El elevator pitch es el discurso que siempre has de tener preparado por si coincides en un ascensor con la persona que sueñas que te contrate. Entonces es el momento de sacar tu equipo de escalada; con ambiciones que os unan como cuerdas, argumentos que las sujeten como mosquetones, la simpatía que las haga fluir como una polea y la humildad que te salve el culo como un arnés. Para cuando el ascensor pite y esa roca se mueva, ya tienes que haberle hincado tu clavo, o dejado tu tarjeta.

Los deportistas lo pueden metaforizar así, pero los gangsters de pulmones podridos que fuman con la misma mano con la que llevan la pistola prefieren verlo como la efímera oportunidad de un único disparo en la frente, para estar entre ceja y ceja de quien deseas que caiga a tus pies. Un viaje en ascensor puede cambiarte la vida, o acabar con ella; como muestra el cine. La estéticamente soberbia Drive contiene una escena que dibuja la breve distancia que separa el amor del odio en un ascensor, cuando Ryan Gosling dilata el tiempo en el beso a Carey Mulligan justo antes de concentrar toda la rabia oscura en su paliza al tipo que los acompaña en el viaje ante los brillantes ojos de la dulce enamorada; partiéndole la cabeza como si el mundo se abriera en canal y sólo volviera a cerrarse cuando ella sale y las puertas cicatrizan. Su cuerpo se queda dentro y el ascensor sube, ya que su alma se siente en esa caja metálica como en un saco roto, con el horror del vértigo que todos conocemos por asomarnos al precipicio hostil del ascensor cuando lo están arreglando en nuestro edificio.

 
Roberto Ruiz
www.rroverdose.com

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