Objetivo It Boy

by Roberto RuizMi Bio

Road to sunset, fashion film de Roberto Verino

Cuando cantan el primer “acción”, con todo prevenido pero nada inmortalizado, albergas la misma sensación que amasando un pan informe, sabiendo que tienes todo entre […]

Cuando cantan el primer “acción”, con todo prevenido pero nada inmortalizado, albergas la misma sensación que amasando un pan informe, sabiendo que tienes todo entre las manos a la vez que aún no tienes nada. Aunque, en realidad, tú sólo eres parte de esa materia prima y es la imaginación quien la esculpe. “La realidad sin imaginación es la mitad de realidad”, decía el director Luis Buñuel.

“Rodando”. Y es que la verdad es aburrida. Por lo que si hacer ficción es mentir; es mentir con razón. ¿Cómo sería el mundo sin ficción? ¿Cómo seríamos sin Disney, sin Pulp Fiction, sin Alguien voló sobre el nido del cuco, sin Big Fish? El mundo sin ficción sería como un plato de macarrones sin salsa. Sin embargo, muchas veces, el cine no muestra algo que no existe, sino algo que no miras. Es capaz de detectar cosas extraordinarias en cualquier momento y lugar. Incluso un lunes, en una calle común, puede estar escondida una gran historia. Al fin y al cabo, la belleza está en ver lo que todos han visto de la forma que nadie lo ha visto.

“Corten. Cambio de look”. En esa mirada, que construye una imagen con un mensaje dentro, se funden el cine y la moda en una mezcla completa, como un vaso de leche calentita con Nesquik. Ambas artes son alegatos estéticos. Ambas artes se reducen a contar algo de forma bonita. El cine lo hace de fuera hacia dentro y la moda de dentro hacia fuera, como se observa en mi personaje. “Rodando”. Un tipo oscuro, con un mundo interior gris que al abrir el armario le hace elegir una gabardina de cuero negra y un sombrero con el que, sin saberlo, busca la sombra. Un rostro no existe si no le da la luz. Pero todo cambia tras el encuentro con ella. Como dicta la moda, cambia de dentro hacia fuera. Por eso, nada más verla, esas dos apagadas prendas se quedan en el perchero. El amanecer que ella supone para él, y para la historia, lo pinta de color, en este caso, camel para su segunda piel y un recogido para su segundo rostro, que se aparta las sombras. No sólo se transforma el color, sino también la textura. El hostil cuero pasa a ser una confortable franela. Ya no se siente frío, sino cómodo ante una desconocida que le entrega la calidez de una hoguera en la que se están contando historias una noche cualquiera, de un día cualquiera, de cualquier año. Hay un tercer estilismo para el personaje, porque hay un tercer sentimiento para el personaje. En su mundo interno al final gobierna la incertidumbre por la sacudida que ha tambaleado su vida. La incertidumbre es un punto intermedio entre una cosa y otra, por ello su estilo también lo es. Un abrigo largo marrón de paño, es decir, textura y color intermedios entre la oscuridad con la que arranca y la luz con la que se encuentra. Sin embargo, hay una prenda constante: el jersey de cuello alto. Este es el rey de la discreción, lo que casa con la voluntad del personaje. Desea mantenerlo porque, al fin y al cabo, la esencia nunca cambia. La gente sigue diciendo “te quiero” o “te mataré”, aunque cambie la forma en la que lo hacen. Las formas son modas, la esencia es eterna. Lo que sí evoluciona en sus jerséis de cuello alto es el color; de gris oscuro en su etapa lúgubre a beige claro en su momento radiante, para acabar con un marrón que refleje su estado de duda.

“Corten. Cambio de enfoque. Primer plano a ella”. Siendo grandilocuentemente realistas, la moda y el cine son un registro de la evolución de la humanidad. Han ido de la mano por el camino del ser humano que ha dejado sus huellas materializadas en trajes y películas, igual que fósiles que se pueden leer como un libro de Historia. Este proceso se evidencia en el concepto de mujer. “Rodando”. La de nuestra historia, aunque en lugar de durante siglos lo haga en menos de cuatro minutos, también evoluciona. Pasa de lucir un elegante vestido largo a unos vaqueros y abrigo de hombre que encuentra en la maleta de su desconocido. Estaba aburrida en una fiesta con un look sofisticado, hasta que él la hace reír y, entonces, la ropa es lo de menos, por lo que se divierte con unos despreocupados vaqueros. Además de por la coherencia del argumento, son de hombre para simbolizar su voluntad de, pese a ser más pequeña y aparentemente vulnerable, ponerse en su sitio y no regalar la sensación de que él puede hacer lo que quiera con ella. Una mujer firme y preparada, como, precisamente, siempre ha mostrado Roberto Verino. De hecho, en sus colecciones, la ha construido desde su relevancia social, manifestándose cosmopolita y abierta, culta, brillante, desinhibida y amante de los grandes acontecimientos.

“Corten. Última secuencia”. La inspiración tiende a la autodestrucción inmediata. Pero, gracias a que el cine y la moda han congelado esos destellos fugaces, disponemos de dosis brillantes eternamente. “Rodando”. Como la camiseta de Marlon Brando en A streetcar named Desire, el vestido de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes, la chupa de James Dean en Rebeld without a cause, la bómber de Ryan Gosling en Drive o los calcetines de John Travolta y la altura de los pantalones de Olivia Newton en Grease. Pero, como dijo William Faulkner, una vez que te hayan alumbrado el camino, “mata a tus ídolos”, o correrás el riesgo de perseguirlos eternamente. Nosotros somos el presente de todos los pasados. “Corten. Final”.

“Toda autobiografía es ficción y toda ficción es autobiográfica”. Ronald Barthes

Roberto Ruiz

www.rroverdose.com

 

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