Objetivo It Boy

by Roberto RuizMi Bio

El sabor con el que hemos crecido

Mirando por la ventanilla del avión, a medida que sube, parece que las historias de ahí abajo se van haciendo más pequeñas. Sin embargo, tengo […]

Mirando por la ventanilla del avión, a medida que sube, parece que las historias de ahí abajo se van haciendo más pequeñas. Sin embargo, tengo la sensación de que una de ellas crece. La que acabo de conocer se hace más grande. Me sorprendo porque no es algo insólito. Se trata de otro caso de voluntad y superación. Un cliché. Pero formado por imágenes que por más que haya visto, no me canso ver. Igual que un ramo de flores en un aeropuerto. Siempre que aterrizas hay alguien esperando a algún compañero de viaje con rosas en las manos. No obstante, aunque todos los ramos estuvieran comprados en la misma tienda, incluso aunque todos los ramos fueran el mismo, siempre tienen algo particular. En concreto, la historia que tengo en mente, la siento especial.

Acabo de escuchar el sonido que avisa de que el despegue ha terminado, por lo que una mujer se levanta y rebusca en el equipaje de mano mientras ojeo una revista maquetada con buen gusto. Pero sigo prestándole más atención a la ventanilla, a uno de esos casos que ya sólo parecen un punto. Sólo parecen.

Me pasan un periódico y la sección de Deportes me vuelve a recordar esa historia, aunque no sea de las que narran los diarios o fotografían las revistas. “El Real Madrid gana y suma 26 encuentros sin perder”, leo. Me pregunto si el partido de ayer pilló trabajando al protagonista, Omar, un chico que se ha hecho hombre amando sus dos pasiones: su equipo de fútbol y su pizzería.

Tuve la oportunidad de que la primera entrevista que hice cuando empecé a estudiar Periodismo fuera a Emilio Butragueño. Estuvimos una media hora charlando, ya lo conocéis, pero el consejo que siempre llevo en el bolsillo me lo dio cuando ya habíamos terminado, mientras recogíamos: “Todas las personas que te rodean en tu día a día, todas, tienen algo que enseñarte”. De Omar he aprendido que si sientes que nunca estás trabajando, sino mejorando, y amas lo que haces, acabas siendo un experto.
IMG_7486 IMG_7239También que si un niño sueña con convertirse en un maestro pizzero será más feliz que el que sueña con ser astronauta o futbolista, porque, si se esfuerza como él, lo conseguirá. Omar empezó en el oficio con 10 años, aplicándose cada fin de semana, como el chaval que comienza a jugar partidos con la ilusión de que algún día lo hará en el Bernabéu. Al fin y al cabo, ambos están sacrificándose por lo que quieren en el tiempo que sus amigos van a los recreativos o a las discotecas. Al fin y al cabo, desde el principio sabes que tu empleo no es compatible con ir a bodas, bautizos o comuniones. Cuando los demás están divirtiéndose, tú estás trabajando. Corrijo; disfrutando. Omar llega cada fin de semana a su pizzería como si saltara al Santiago Bernabéu.IMG_7421IMG_7498 IMG_7261Pues el Bernabéu está en mi pueblo, Albatera, un municipio de Alicante que algunos de la provincia y otros tantos de Murcia conocen por la Pizzería Capichi. Desde que tengo uso de razón he ido por allí. Así que yo he visto crecer a Omar y Omar me ha visto crecer a mí.IMG_7269 IMG_7424 IMG_7294Comenzó echando una mano en el negocio familiar fregando los platos y mirando embobado al pizzero que en aquel momento tenía la Capichi. Al pequeño Omar le fascinaban sus movimientos en contacto con todos los ingredientes en un baile de texturas que acababa fundiéndose al calor de un fuego de leña. Con 13 años logró que le dejaran mancharse las manos de harina para estrujar la masa y en ese momento supo que de mayor quería tener su propia pizzería. El tacto tiene esas cosas, es un sentido muy sugestivo, igual que para el niño que golpea un balón. En ese momento yo era lo suficientemente pequeño como para pedirle a través del cristal empolvado de harina una pelota de masa cada vez que iba con mis padres.IMG_7386 IMG_7272Nos fuimos viendo crecer a través de ese cristal cada vez que iba con mis amigos a por nuestro sabor favorito y siempre, pese a ser un adolescente trabajando un sábado por la noche, nos saludaba con una sonrisa y las manos ocupadas. A veces, él también atendía las mesas. Recuerdo que un amigo especialista en protocolo cayó por mi pueblo y me pidió que le recomendara un restaurante. Cuando salió, sin que yo le hubiera hablado de Omar, me llamó para decirme lo agradable y profesional que es el pizzero.IMG_7417 IMG_7321Ahora, unos años y tatuajes más tarde, ese niño es un maestro pizzero que se ha montado su propio Santiago Bernabéu, el cual acaba de reformar consiguiendo un ambiente cálido y calmado idóneo para degustar el resultado de unas manos que llevan toda la vida mejorando su producto. La nueva Pizzería Capichi conserva el sabor con el que hemos crecido, pero también ofrece las últimas tendencias de la cocina italiana más sofisticada, consecuencia del trabajo de documentación y aprendizaje que ha llevado a cabo Omar por su cuenta, a través de cursos y jornadas de entrenamiento por toda España, también de acrobacia, al lado de los mejores. Su maestro, Jesús Marquina, ha sido Campeón del Mundo. Los buenos saben valorar a los buenos, así que Marquinetti, como le apodaron los italianos cuando les ganó, quería a Omar trabajando a su lado en su reconocido restaurante de Madrid. Pero, afortunadamente para que los que somos de allí, prefirió ser fiel a su sueño y aplicar todos los conocimientos en su propia pizzería.
IMG_7465 IMG_7575De este modo, ahora en Albatera se puede disfrutar de una sección de pizzas gourmet, para las que Omar elabora una masa distinta: más crujiente, más ligera y más sana, con un 24% menos de hidratos y sal yodada para que podamos experimentar un manjar al mismo tiempo que nos cuidamos. Uno de los conceptos con los que se ha reinventado el restaurante, siguiendo la tendencia de la gente que cada vez mira más por su salud y su estado de forma.IMG_7401 IMG_7528 IMG_7545 IMG_7548Pero el sabor sigue siendo el protagonista. Estas pizzas se llevan a cabo con ingredientes especiales traídos de Italia, como el pilar esencial de una pizza: la mozzarella. Las nuevas combinaciones introducen crema de bogavante, foie de pato, reducción Pedro Ximénez o, entre otros ingredientes de seleccionada calidad, flores comestibles, como las que lucen en la pizza que Omar me ha pedido que bautice, alrededor de una rosa que destaca en el centro y me recuerda a algún detalle de las prendas con las que he tenido la oportunidad de desfilar en Italia. Si Dolce & Gabbana diseñara una pizza, sería esa.IMG_7632 IMG_7629Escucho de nuevo el sonido que marca el comienzo del aterrizaje y la mujer se vuelve a levantar para acceder a su equipaje de mano. Miro por la ventanilla y me sorprendo al reparar en que no había vuelto a hacerlo desde que empecé a escribir este texto. Ahora, ahí abajo está Milán y habrá un ramo de flores en el aeropuerto. Especial, como la sensación que me produce esta historia, como la pizza que se llamará La rosa de Milán.

Llevo unos años viviendo fuera, pero siempre pasando la Navidad en mi pueblo. Dentro de un mes entraré de nuevo en la Pizzería Capichi, saludaré a Omar, me sonreirá a través del cristal con las manos ocupadas y al dar el primer bocado sentiré que estoy en casa. La sensación de cuando vuelves a un lugar en el que has sido feliz.IMG_7687

Fotografías y vídeo por Adrián Madrid.

Agradecimiento a María Bernad.

Roberto Ruiz

Pizzería Capichi | Calle Mesón, 48. Albatera, Alicante.

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