Sane Food - Nutrición y Emoción

Por Elisabeth BerralMi Bio

Operación antibikini… ¡Allá vamos!

Se acerca el mes de marzo y con él, el regreso de la estación que la sangre altera, nuestra querida primavera. Marzo, Abril y Mayo son […]

Se acerca el mes de marzo y con él, el regreso de la estación que la sangre altera, nuestra querida primavera. Marzo, Abril y Mayo son tres meses  a todo color, en los que por norma general todos  y todas nos contagiamos del positivismo y la energía de esta preciosa estación y además, nos empezamos a quitar capas de ropa como si de una cebolla se tratase para empezar a lucir ( o no) nuestros cuerpos serranos.

Y partir de aquí, ya sabéis lo que toca: (La misma historia de cada año, porque somos así de originales) La famosa operación bikini. Pues yo no sé vosotras, pero yo ya me he cansado. ¿Por qué? ¡Pues porque es mentira! Y ahora me diréis: pero yo en la operación bikini siempre me pongo en forma, pierdo esos kilillos de más y me motivo muchísimo.

Eso está bien, pero entonces, ¿por qué te toca repetirla cada año? ¿Será que cuando ya le vemos las orejas al lobo y sabemos que en cuestión de meses llegan los tirantes y los shorts nos entran las prisas y nos obligamos a hacer un esfuerzo agotador (en el que muchas veces nos gastamos una suma considerable de dinero en tratamientos o productos) y una vez pasa el verano, decidimos pasar de todo y volver a recuperar todo lo que habíamos perdido?

Veréis, yo soy una ferviente defensora de que nos tenemos que cuidar. Absolutamente cierto, pero no un mes ni dos, sino SIEMPRE. Entiendo que hay épocas en las que podemos sentirnos más o menos motivadas, pero lo que no podemos hacer es querer hacerlo todo deprisa y corriendo y además de maneras antinaturales y, por tanto no saludables, que a la larga nos perjudican más que beneficiarnos.

Además, como no tenemos paciencia (lo queremos todo para ayer) buscamos métodos rápidos y agresivos que se centran únicamente en la estética, olvidando por completo nuestra salud para que nos den resultados inmediatamente. La verdad es que somos bastante poco realistas, porque las cosas no van así.

¿Quién es nuestr@ mejor amig@? Nosotras mismas. ¿Quién tiene que cuidarnos? Nosotras mismas. ¿De quién es la responsabilidad? De nosotras mismas. Entonces, ¿por qué me empeño en pasarle la responsabilidad a unas pastillas que me he comprado en la farmacia para empezar a perder peso?

De verdad creemos que la solución está en empezar a tomar unas pastillas bloqueadoras de los carbohidratos o en unos compuestos que aceleran nuestro metabolismo y que tomamos sin supervisión de un profesional ignorando sus contraindicaciones porque para qué nos vamos a leer ese apartado del prospecto si mañana también nos podría caer una maceta en la cabeza….

Por cierto en televisión, ya empiezan a pasar anuncios recordándonos que no estamos solas, porque ya están a la venta las pastillitas mágicas para ayudarnos a conseguir una figura perfecta para el verano. Y por supuesto, nos lo muestra una modelaza rusa. ¿Sabéis qué frase podríamos empezar a repetirnos como un buen  mantra dietético?

“Los estereotipos perjudican seriamente la salud”

Ni caso a la tele chicas. Los anuncios solo sirven para vender y son un gran estímulo para no pensar. El marketing es efectivo a la vez que peligroso, pero como en todos los campos de nuestro día a día, ahí debemos también aplicar la CONSCIENCIA.

Fantástico por la chica de la tele que anuncia las pastillas milagro, pero ella os aseguro que no las toma porque no las necesita. Es rusa 😉 Tal vez todo esto a algunas os suene  a chiste, pero la verdad es que sucede y no sabéis con qué frecuencia. No podemos seguir así.

Pero no solo de pastillas va la cosa. La operación bikini trae consigo dietas estrambóticas que esconden un peligroso efecto yoyo que no nos conviene en absoluto. ¡Son agotadoras! Cuando las estamos haciendo nos estresamos, entramos en un estado (consciente o inconsciente) de tensión y nuestro cortisol se dispara para hacer frente a las nuevas rutinas que nos imponemos. ¿Y para qué? Para dejarlas al poco tiempo porque no hay persona humana que pueda vivir pesando constantemente los alimentos o alimentándose a base de barritas sustitutivas de comidas, o comiendo cada día lo mismo. Pollo a la plancha y verdura. Pescado y verdura, Ensalada y tortilla. Caldo vegetal y …no sigo porque me aburro hasta de escribirlo. Puedes, sin embargo, seguir alguno de los consejos que te damos a continuación:

Nuestro cuerpo es muy sabio y por más que lo intentemos, no vamos a engañarlo. Me refiero a que es absolutamente lógico que si llevamos ya una lista de 5, 9 o 15 dietas a la espalda, nuestro organismo esté preparado para la “época de vacas flacas” al que solemos someterle durante un periodo determinado de tiempo de manera periódica (es decir, cada vez que nos estrenamos con una dieta imposible) y, por eso, automáticamente nuestro metabolismo se vuelve más lento.

Por este motivo, ya que sabe que vamos a matarle de hambre, él mismo se encarga de ralentizar todos nuestros procesos para no tener la necesidad de consumir tanta energía cuando estemos a dieta. Y aquí viene el pero. Cuando volvemos a hacerlo mal, nuestro metabolismo sigue yendo lento y tendemos a acumular todavía más y más calorías. Debemos recordar que el instinto de cada una de nuestras células es el de la supervivencia y los adipocitos no son una excepción.

¿Me vas a matar de hambre? Pues tranquila que yo voy acumulando reservas para cuando llegue la crisis. Así que no, al cuerpo no se le puede engañar. Solo nos engañamos a nosotras mismas. Y todo lo que acabo de comentar, podría aplicarse también al campo del deporte. Hacer ejercicio es maravilloso. Pero desgraciarse la espalda porque nos hemos apuntado a unas clases de entrenamiento deportivo militar en el que tenemos que dar todo en media hora para que nos salgan cuadraditos, de maravilloso no tiene nada.

Está claro que tod@s debemos realizar el ejercicio que mejor nos haga sentir, pero si empezamos a tener signos de contracturas, desgarros, protusiones, esguinces, roturas fibrilares, etcétera… A lo mejor es que se nos está yendo de las manos. Os lo comento porque me llegan pacientes con estas dolencias justamente por realizar ejercicio bajo este tipo enfoque.

El concepto de rigidez es una limitación. Debemos ser flexibles, debemos practicar un estilo de vida saludable y responsable que sea coherente con un TODO. De nada me vale adelgazar a base de saturar mi hígado o marcar bíceps si en dos semanas me voy a herniar. Aunque parezca de cajón, tenemos una tendencia increíble a hacerlo del revés.

Os animo una vez más a implicaros personalmente y de manera coherente para romper la aburrida rutina de cada año. Os invito a apasionaros con vosotras mismas, a descubrir lo bien que sienta hacer las cosas bien. Os aconsejo que profundicéis en todo y que os superéis, aunque sea un poquito cada día.

Siempre podemos sacar una mejor versión de nosotras mismas. Y sobre todo, recordad que con prisas, con actitud extremista y con objetivos irreales, lo máximo que conseguiremos será un año más comprobar el magnífico efecto rebote de la operación  bikini.

OPERACIÓN COHERENCIA chicas, esa es la única que funciona.

Un abrazo.

Elisabeth Berral

Fundación Mujeres Felices

 

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