Vida y Bienestar

por Paula DíazMi Bio

¿Hambre emocional o hambre física? 3 diferencias que necesitas conocer

Seguramente te haya asombrado esta pareja tan poco conocida en nuestro día a día, incluso habrás pensado “Paula ha debido de volverse loca o equivocarse”:). […]

Seguramente te haya asombrado esta pareja tan poco conocida en nuestro día a día, incluso habrás pensado “Paula ha debido de volverse loca o equivocarse”:). Pues no, confirmado, existe el hambre física y el hambre emocional. Totalmente diferentes ambas y muy empleadas en nuestras jornadas de excesivo estrés.

Para empezar y resolver esta duda que te acabo de generar tan necesaria responder, el hambre física es aquella que podríamos catalogar de “sana“. Es el hambre cotidiana, aquella función instintiva que por naturaleza nos permite ingerir lo necesario para mantenernos vivos y en movimiento. Nos permite resolver la homeostasis interna característica de estar bajos de energía y vitaminas o minerales necesarios para cumplir las funciones básicas del cuerpo.

Sabiendo esto, seguro puedes intuir que el hambre que más nos interesa descubrir es aquella denominada “emocional”. Un estado que seguro habrás experimentado en varias ocasiones y que se presenta coloquialmente a modo de esos famosos “atracones o empachos” post y previos a situaciones que nos generan mucho estrés y nerviosismo, incluso inseguridad.

Esto último es lo que te propongo hoy solucionar, evitar darnos esos atracones que tan poco te ayudan y tan culpable te hacen sentir. ¿Cómo? Aprendiendo a diferenciar de qué tipo de hambre se trata con estas tres diferencias básicas.

1.Con el hambre física elegimos los alimentos que vamos a comer de forma meditada y bien pensada. Por eso, este tipo de estado se relaciona con la alimentación plena y la consciencia del momento: al ser conscientes de lo que estamos comiendo podemos disfrutarlo mucho más tanto en sabor como en propiedades positivas para nuestro cuerpo.

El hambre emocional, por otro lado, se relaciona con elecciones automáticas de alimentos, lo cual nos empuja a sentirnos distraídos a la hora de comer.

2. El hambre física tiene su origen de forma natural en una necesidad física. Como comentábamos anteriormente se lleva a cabo para cubrir una homeostasis corporal. El hambre emocional, por el contrario, está ligada a alteraciones y conflictos emocionales.

3. Cuando nos alimentamos con el hambre física no sentimos culpabilidad, ya que entendemos que comer es una necesidad vital. Si continuamos con el hábito de alimentarnos de forma emocional será habitual encontrarnos con ese sentimiento de culpa característico de los atracones y excesos alimentarios.

Como puedes comprobar, es sencillo detectar la diferencia entre ambos tipos de “hambre”. El primer paso para evitar comer en exceso o de forma emocional es ser consciente de que lo estás llevando a la práctica.

Un consejo para alimentarte de forma natural y sana para tu organismo/mente puede ser que evites el estrés practicando meditación o deporte para descargar ese exceso de tensión acumulada. De esta forma mantendrás un peso saludable y tendrás capacidad de gestionar mucho mejor tus emociones de forma positiva.

Paula Díaz

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